Con Babel, el realizador mexicano Alejandro González Iñárritu completa la trilogía que inició con Amores perros y 21 gramos, según sus propias palabras "un tríptico de historias que explora en un nivel local, foráneo y, finalmente global, las profundas y complejas relaciones entre padres e hijos".
Babel nace de la voluntad de retratar la incapacidad de los hombres para comunicarse en un mundo que, paradójicamente, ofrece cada día nuevas y sofisticadas herramientas de comunicación, pero en el que ya nadie escucha. Y sin escucha no hay entendimiento, no hay solidaridad, no hay comprensión ni diálogo. Como en la bíblica Torre de Babel, nada de lo que se trabaje en un entorno humano sin códigos comunes puede llegar a buen fin…
Cuenta González Iñárritu que filmar Babel le permitió confirmar que las verdaderas fronteras no se sitúan en un espacio físico, sino que están dentro de los propios hombres, en el mundo de las ideas, y que la gran tragedia humana, la que hermana a los hombres en el dolor, independientemente de cual sea su raza, cultura o condición, no es otra que la incapacidad de amar o ser amado.
Con la voluntad de transmitir esa idea del amor como sentimiento universal que da sentido a la vida y a la muerte de todo ser humano, y denunciar la ola de incomunicación que está aislando al género humano de si mismo, González Iñárritu inicia el rodaje de Babel con un equipo que, desde el principio estuvo compuesto por mexicanos, americanos, franceses, italianos, árabes, bereberes y alemanes y al final, también por japoneses.
El rodaje, que se prolongó durante casi un año y abarcó tres continentes (los escenarios de la película son Marruecos, Tijuana y Tokio) fue vivido por el realizador como un verdadero viaje interior cuyas claves impregnan los fotogramas de la película otorgándole a ésta la intrínseca cualidad de testimonio vital.
Entrevista con Alejandro González Iñárritu
por Clemente Corona
Una chiquillada –dos niños pastores marroquíes que disparan al azar una escopeta, impactando en un autobús turístico e hiriendo a una turista estadounidense- se convierte en un incidente trágico y desencadena, en una suerte de efecto mariposa perfecto, una concatenación de hechos que demuestra la globalidad de la desgracia y la indefensión del ser humano ante la casualidad. Babel es la tercera película de Alejandro González Iñárritu quien, con un guión co-escrito con Guillermo Arriaga y apoyado en un reparto en estado de gracia (Brad Pitt, Cate Blanchett, Gael García Bernal, Kôji Yakusho, Adriana Barraza y Rindo Kikuchi) que trabajó un año en tres continentes en la filmación, ahonda en las claves de su cinematografía: personas a la deriva asomadas al abismo, siendo entonces capaces de sacar lo mejor de sí mismos. "Empecé rodando una película acerca de las diferencias que separan a los seres humanos, las barreras físicas y las del idioma, pero en el camino me di cuenta de que estaba haciendo una película acerca de lo que nos une: el amor y el dolor. Es muy posible que lo que hace feliz a un marroquí y a un japonés sea muy diferente, pero lo que nos hace sentir mal es lo mismo para todos", define González Iñárritu su película, con la que da por terminada su trilogía (que conforma Babel junto a Amores perros y 21 gramos) sobre la condición humana.
Terminada la trilogía, y la colaboración con el guionista Guillermo Arriaga, ¿cómo definiría su trabajo con él? ¿En que va cambiar su cine?
Ha sido un trabajo de nueve años en el que creo que es muy sano y bueno el que Guillermo también pueda explorar otras posibilidades. Él está produciendo, yo he estado trabajando en otros proyectos con otras personas... El arte en el cine es un arte de colaboración, y es importante ir navegando y explorando otros caminos. Cómo va a cambiar no lo sé: uno va creciendo como persona independientemente del nivel profesional, no lo sabría decir...
Usted es un director con mucho prestigio, muy respetado en el mundo del cine. ¿Teme que eso le aparta del mundo real?
No, hay una glamourización totalmente equivocada y una percepción muy infantil de lo que es el cine. Le digo mucho a los jóvenes directores de cine que esta idea de que el director es un tipo que dice "acción" y "corten" y se reúne con celebridades no es cierta. Detrás de lo que yo hago hay mucho sacrificio y muy poca glamourización. Creo que en realidad es un trabajo duro y difícil: el mejor trabajo del mundo, pero es un trabajo en el que se sufre mucho y cuyo coste es altísimo. Como todo lo que han creado los medios de comunicación, esta imagen -la fama, la popularidad- es total y absolutamente falsa.
En Babel, el espectador nota que lo que nos une a los seres humanos, en el fondo, es el silencio, el dolor...
Sí, encuentro muchas más similitudes en lo que nos hace miserables que en lo que nos hace felices. La felicidad es subjetiva, se define mucho por una cultura: en ocasiones por cosas individuales, metas individuales, que también nos hacen infelices. La vulnerabilidad y la fragilidad de las personas que amamos, y la imposibilidad de amar o ser amado,s son las dos grandes tragedias del ser humano, y creo que ahí no hay diferencias seas de la religión que profeses.
Ese dolor el hilo conductor de sus tres películas.
Cada una de esas películas son extensiones de mí mismo. De una o otra forma trato de expresar mi experiencia vital, no de una forma biográfica: no necesariamente en ocasiones estoy cercano a los personajes naveguen por la sombra y la luz.
¿Cómo ha sido trabajar, siendo un director iberoamericano, con los grandes estudios?
Tengo la gran suerte de poder haber iniciado mis tres proyectos de una forma independiente, con auto-financiamientos, así que una vez que tengo todo invito a los estudios a participar y trabajo con ellos, no para ellos. Donde ellos se involucran más es en el tema de la distribución, pero no han metido su visión y jamás he comprometido una sola línea. Yo no tengo a quien culpar: toda la mierda de mis películas es mía, y si hay algo mal es total y absolutamente mi responsabilidad. Y eso es un privilegio. ¿Qué es difícil? Sí, lo es. He tenido la suerte de contar con la gente que ha creído en lo que yo estaba haciendo ,y eso siempre ha sido muy bueno, aunque puede cambiar también.
En cualquier caso, aunque los personajes se asomen al borde del precipicio y pierdan pie, encuentran una rama de la que colgarse en la caída y así salvar la vida... Es la dicotomía entre el bien y el mal, la felicidad y la desgracia.
La felicidad no es un estado perenne. La felicidad y la tristeza son como el día y la noche. Los seres humanos tendemos a ser bien maniqueos: nos creemos que somos demonios o somos ángeles, somos buenos o somos malos. Yo creo que el hombre no es bueno ni malo, es las dos cosas al mismo tiempo, y es lo que trato de expresar en mis películas. De hecho, no hay malos en Babel y el que no haya en quien vaciar emocionalmente la rabia o la angustia perturba al espectador. Como decía Carlos Fuentes, la tragedia sucede cuando dos virtudes chocan, y esos personajes tienen virtudes, y eso te crea una ansiedad como espectador, porque estamos acostumbrados al villano. Mis personajes se debaten en que no hay una felicidad o una tristeza constante; no todo es tristeza, no todo es felicidad. La vida cambia constantemente.
Y los personajes se engrandecen, se dignifican, en la adversidad...
Yo creo que es bien interesante observar a los hombres en el límite. Cuando los hombres se confrontan a situaciones difíciles es cuando se muestra realmente su naturaleza es mucho más clara. A nadie le interesaría si yo hiciera una película de un tipo repartiendo periódicos toda la película y no le pasa nada: me gusta que se pueda exponer a los personajes a situaciones extraordinarias o límites, situaciones de una cotidianeidad que los enloquece.
Con cinco candidaturas a los Globos de Oro, usted premiado por ella en Cannes, Babel parece tener todo a favor para ser una de las triunfadoras de los Oscars.
Respecto a eso, trato de mantener una expectativa muy baja para tener una serenidad muy alta. Procuro no pensar en esos términos, porque lo mejor que puedo hacer es la película de la mejor forma que pueda. No puedo hacer más de lo que ya está hecho, así que intento no pensar en los premios. Los premios ayudan a que quizá tu siguiente proyecto sea más fácil de levantar, pero en realidad no hacen mejor ni peor una película. Lo bueno de un premio, su beneficio real, es que a la gente le despierte la curiosidad.