Preguntas y respuestas
El pasado 13 de octubre participe en una charla panel organizada por DERES sobre la responsabilidad de los medios ante la sociedad / capítulo prensa. Alli presenté una ponencia "Los desafíos de los periodistas" publicado en este blog. A raiz de esa presentación surgieron muchas preguntas de los asistentes, las que me fueron enviadas para que las respondiera por escrito.
Lo que sigue son las preguntas y mis respuestas. Algunas de ellas se remiten a la ponencia o dichos en la sala y otras directamente fueron elaboradas especialmente para la ocasión. Participaron de la actividad los colegas Claudio Romanoff de Ultimas Noticias, Gabriel Pereyra de El Observador y Enrique Echevarren de El País. La actividad fue moderada por el periodista Alvaro Amoretti.
1. Los medios durante la crisis del 2002 tuvieron diferentes posturas sobre qué debía y qué no debían informar. ¿Qué elementos se evaluaron para tomar tales decisiones? ¿Fueron acertadas?
Desde mi punto de vista, toda la información que tuve -en ese momento estaba en El Espectador y escribía en Latitud 3035- la volqué en la radio y la revista, siempre teniendo en cuenta los criterios de exactitud y profesionalidad, porque era un tema bastante delicado, y además lo hice sin dejarme operar por las fuentes informativas, es decir, chequeando todo loq ue llegaba a mis manos. En esos días circulaba, como decimos en el ámbito perodístico mucha carne podrida y habia que tener especial cuidado. En este caso creo que actúe bajo las normas que tiene que actuar un periodista en cualquier otro tema, volcando toda la información que obtiene, sin ningún problema y con seriedad.
2. ¿Cuáles son los insumos o fuentes de conocimiento en los que se basa un periodista, jefe de sección, editor, para entender y definir qué es lo más relevante, interesante para el público?
Es muy variado, pero yo por lo menos trato de basarme en la frase que acuñó un inglés, Lord Northcliffe, quien dijo que "noticia es aquello que alguien quiere ocultar; lo demás es publicidad".
Claro que los directores de las empresas, dueñas de los medios piensan como Randolph Hearst: "noticias es eso que va entre los anuncios". Es evidente, además, que cada medio tiene su agenda y de acuerdo a ello informa. De todos modos, acá en Uruguay las diferencias a la hora de informar sobre los temas no son muy distintas de un medio a otro. En realidad, si uno analiza lo que son los informativos de la televisión puede concluir que manejan la misma agenda. Distinto es el caso de los medios escritos: diarios y semanarios donde sí hay diferencias. No es lo mismo Brecha que Búsqueda, por ejemplo o La República y El Observador.
3. ¿Es frecuente que los periodistas tengan conflictos de opinión con la editorial del medio?.
No se si es frecuente, yo los tengo, pero al mismo tiempo me parece enriquecedor y valioso poder tener esos diferentes puntos de vista. La objetividad no existe, puede haber el acercarse a determinada verdad. La cobertura que puede hacer de un hecho El Observador es diferente a la que puede hacer La República. Porque al periodista del Observador le interesa más lo económico de un hecho que al de La República o de El País. O va con otras instrucciones también. Ahora, hay cosas sobre las cuales no puedo opinar en tanto estoy trabajando en este medio. Yo soy un profesional, sé donde estoy parado. Por ejemplo, para mí Cuba es una dictadura, Fidel Castro es un dictador. Un país donde no hay libertad de prensa, la libertad de prensa que conozco, ahí no existe. Bueno, en La República eso no lo puedo escribir, no lo puedo decir porque sé que la dirección tiene una opinión sobre Cuba que no es esa y no lo voy a hacer. En otros diarios o radios tienen una determinada opinión sobre otras cosas y los periodistas saben ubicarse, son profesionales. Un periodista de Ultimas Noticias no escribe o hace una investigación sobre Cerro Free Port, o uno de El Observador no escribe a favor de la despenalización del aborto o uno de El País no lo hace en contra del Partido Nacional o uno de Búsqueda a favor del Estado como regulador de la vida de los ciudadanos.
4. Cuando se trata de información relacionada a una empresa y ésta lee habitualmente que el manejo de la información que se realiza es insuficiente, errónea, ¿cómo se vive como periodista la proactividad de la empresa en llamar al medio/al periodista para brindar información?.
Se vive de forma natural, como con cualquier ciudadano. El problema es que generalmente los responsables de esas empresas no llaman al periodista sino que llaman al encargado de publicidad del medio o al director del mismo y ahí se crea el conflicto.
Que una empresa quiera dar información sobre sus actividades, bueno eso es muy raro que ocurra. En general los empresarios uruguayos son reticentes a dar información, ya sea por temor, inexperiencia o por no querer exponerse, etc. Sí están prestos a dar información cuando tienen interés de difundir algo que ellos creen que es lo más importante del mundo pero que, desde el punto de vista periodístico, no tiene más interés que una breve de 500 caracteres.
5. ¿Si los diarios subsistieran con la venta y no con la publicidad, la situación sería distinta? ¿La información sería otra?.
Podría ser distinto, pero como no se ha conseguido llegar a esa situación no sabría que decir. Es distinto al revés, cuando los diarios subsisten solo con la publicidad y no con la venta. Es el caso de los gratuitos que, por ejemplo en España son los más leídos: aproximadamente 2,5 millones de ejemplares diarios en el caso de 20 Minutos. Ahora, la calidad de la información es como comparar una hamburguesa con un plato de una cocina de autor; son noticias fast food sin explicación alguna. Es para leer y tirar.
6. ¿Creen que los medios no informan de este gobierno como de anteriores porque tienen mayoría de aceptación?
No comparto el punto de partida. Creo que se informa sobre las acciones de este gobierno como de los anteriores.
7. ¿ Por qué el énfasis en las malas noticias? Es que los medios asumen que son las que las personas quieren/deben conocer?
No comparto tampoco esta vez el presupuesto. Durante la mayor crisis que ha vivido Uruguay, como lo fue la bancaria, yo propuse y se llevó cabo en la radio El Espectador, donde trabajaba en ese momento, crear un segmento denominado Buenas Noticias y tuvo mucho éxito. Ahora, pregunto: ¿si mañana hay un atentado donde mueren cientos de personas, no lo publicamos o no lo difundimos porque es una mala noticia. O de otro modo es o no noticia?
8. ¿Por qué no se difunden acciones de RSE?
Creo que se difunden las acciones de RSE de acuerdo a su impacto en la sociedad, ni más ni menos. Muchas veces se difunden acciones que no necesariamente son calificadas como de RSE porque no implica a una empresa y paradojalmente son acciones de RSE.
9. La prensa nacional está más preocupada con el compromiso social con su público o está más preocupada con sus compromisos político-partidarios?.
Lo dije en mi presentación: creo que hay cosas que son resorte de las direcciones de las empresas periodísticas y que están por encima del alcance de un periodista o de un jefe de redacción. De todos modos si un diario no se preocupa por sus lectores, por su público, está destinado a convertirse en un diario íntimo.
10. Muchas veces se habla de la libertad de prensa y del derecho de la sociedad a saber la verdad y lo que pasa. ¿Hasta dónde va el derecho a decir lo que creo o lo que pienso en pro de informar sin mirar más allá de los derechos de los involucrados en el hecho? ¿Libertad de prensa implica hacer de la información un espectáculo, un objeto de mercado?.
No comparto hacer de la información un espectáculo, un objeto del mercado. La información es para mi algo muy serio, que afecta a muchas personas, o que puede afectar a muchas personas y eso no debe ser, no debería ser, un objeto de mercado o un espectáculo.
11. ¿Cuáles son los criterios de selección básicos para informar o no sobre un tema?. ¿Por qué el mismo asunto puede ser una breve el lunes y la apertura de sección el martes?
Pueden ser muchos los factores que incidan, pero básicamente cada medio tiene su agenda y le da relevancia a los temas de acuerdo a esa agenda, que no es oculta, es pública y clara. Entonces, cada ciudadano tiene la opción de cambiar de canal, apagar la televisión si no le gusta algo, comprar otro diario o semanario o no comprarlo.
Pueden incidir también otros factores menos ideológicos y más cercanos a la forma de trabajar. Por ejemplo, puede darse que el editor se olvidó de guardar el espacio para un tema y la única posibilidad de publicarlo es con una breve cuando la semana anterior había sido una nota de portada. U otro caso puede ser que a última hora, en pleno cierre llega un aviso y allí se debe reducir la nota.
12. ¿Qué están haciendo ustedes, periodistas como gremio para mejorar el acceso a la información pública?.
No participo del gremio.
13. En las Universidades nos enseñan como hacer investigación periodística pero en la realidad los medios no hacen investigación ¿es por falta de recursos o hay otros elementos?
Eso de periodismo de investigación lo pongo entre comillas. ¿Existe el periodismo de investigación o es periodismo a secas? ¿Existe el periodismo deportivo o es periodismo a secas? Para mí todo es periodismo, después hay una especialización: periodismo deportivo, investigo cosas.... En general se asocia el periodismo de investigación a la posibilidad de dedicarte en tiempo y con recursos para un tema, cosa que me parece bárbaro. Pero no soy partidario de crear una élite dentro de la redacción para que pomposamente haga periodismo de investigación. Ahora, ¿qué significa eso? Yo soy del cuerpo de los periodistas de investigación, estoy tomando un café en el bar Bacacay y se prende fuego el Solís. No es mi área, ¿no llamo al diario? No soy muy partidario de crear élites dentro de la redacción. Creo sí que habría que destinar tiempo y recursos para investigar cosas pero lo puede hacer cualquier buen periodista, ninguno en especial.
Y sí, se investiga poco, en general es por falta de recursos. En estos momentos tener un equipo de 3 o 4 periodistas, o sacar 3 o 4 periodistas del trabajo diario para, por ejemplo, trabajar una semana en un tema que pueda fructificar en noticia, sólo dedicado a investigar, es un costo que muchas veces un diario hoy no puede solventar.
14. Los periodistas tan solo informan o en realidad conocen que las palabras no son inocentes, ellos también son personajes en la arena de los combates históricos. El perfeccionamiento de los medios ocupa un lugar central en la economía. ¿Acaso distinguen de qué depende que en la realidad oculten, enmascaren o apoyen discursos o imágenes que legitimen ante los ojos de los pueblos los sistemas de poder vigentes?
No entendí la pregunta.
15. Nos dicen que ustedes son informantes, que no deben autolimitarse, que ese es su único trabajo y en un tema tan importante como la crisis del 2002 no hacen su verdadero trabajo, y luego se preguntan por qué no compran diarios, yo no entiendo esta contradicción, dicen que es lo correcto y no lo hacen, ¿por qué?.
Yo no tengo esa contradicción porque, como dije más arriba, yo informé sobre el tema específico todo lo que tuve a mano. ( Ver pregunta 1)
16. Son conscientes que en la forma de comunicar la verdad influye en los lectores. Utilizan la forma de comunicar con fines de Responsabilidad Social.
El poder presiona a la prensa y es natural. El poder quiere propaganda, no quiere periodismo. Este conflicto está en la esencia misma del vínculo poder y medios. El problema, creo, está en otro lado y es el que surge de la concentración de capitales cuando detrás de los grupos de comunicación se han nucleado inversores contradictorios y a veces ajenos a los intereses de una empresa de comunicación. De esta manera se corre el peligro de desnaturalizar el principio mismo de la responsabilidad social del periodismo.
17. ¿Qué instrumentos concretos aplican para conocer y entender las necesidades informativas de la sociedad?.
Las encuestas es una de las herramientas, pero por sobre todas las cosas caminar por la calle ir a los lugares donde va la gente, escuchar sus voces, sus reclamos, no encerrarse en una casa de cristal.
18. Se habla de la VERDAD y el acercamiento a ésta, pero al leer dos tapas de diarios diferentes parece que la verdad no es una sola. ¿No será necesario educar a la gente para que se prepare a enfrentar las diferentes realidades expresadas en los medios y que muchas veces son ajenas a la realidad del público?. El público joven no le cree a los diarios ó a los medios porque en vez de ofrecerles noticias interesantes, los toman de objeto.
Este es uno de los temas cardinales para el periodismo. José Guillermo Ánjel R. es director de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia. El escribió un articulo donde aborda, desde mi punto de vista de manera muy acertada el problema de la verdad. Lo comparto con ustedes.
“La verdad es una búsqueda que no concluye porque cada tiempo aporta nuevos datos e interpretaciones a lo que sabemos y, en lugar de reducir las dudas, las amplia. De esta manera ese planeta Marte que para los científicos de los años 80 estaba muerto, hoy parece estar vivo. Es que antes se lo miraba por un telescopio y en este momento hay un robot allí tomando muestras y trabajando alfanuméricamente, o sea, dándole valor al mayor número de opciones coincidentes. De esta manera, conocer es avanzar y el último léxico, esta forma de nombrar y definir el mundo que hoy tenemos, no es el fin de la verdad sino la conclusión de un efecto que, al ser aplicado, nos conduce necesariamente a otro y así se convierte en un inicio y no en un fin. Siempre estamos en el intermedio, como dice Shlomó ibn Gabirol en La fuente de la vida, sin saber cuál es la primera causa y sin determinar el último efecto, fluyendo simplemente. Así, si llegáramos a la verdad, nos detendríamos por siempre y, como los animales que pastan, nos adaptaríamos a lo que hay y quedaríamos ya presos de la evolución. Pero el hombre es un ser que elige, es el único animal que lo hace, y por eso cuestiona y rompe los patrones de la evolución con decisiones, a veces buenas en otras malas (esto ya lo dejaríamos en la teoría de Hobbes, donde el hombre es una especie de máquina y D-s alguien que se desentiende de lo que pasa), que le permiten ver más o al menos, como en el libro de El cándido de Volatire, admitir que este es el mejor mundo posible, pero no como un destino sino como la posibilidad de una rebelión contra el predestinismo. No en vano el cinismo es una manera de admitir una verdad burlándola. Hugh Thomas lo plantea claramente en la Historia inacabada del mundo y Fernando Savater en El valor de elegir. No estamos condenados a ser, a pesar de que persistimos en ello como anota Spinoza, sino a descubrir. Así, la búsqueda de la verdad es la que nos hace libres. Y si bien en esa búsqueda nos sentimos seguros e inseguros, lo cierto es que avanzamos porque en el acierto y en el error hay certidumbre. Y en esta búsqueda de lo cierto, lo importante es la veracidad.
En el Diccionario de filosofía de José Ferrater Mora se dice que la verdad se distingue de la veracidad en que “la primera tiene que ver con la realidad misma de la cosa, o la correspondencia de la cosa con el intelecto o del enunciado con aquello de que se habla etc., la segunda es una especie de correspondencia de lo que se dice con quien lo dice. Por eso mientras lo contrario de la verdad, o de los diversos tipos de verdad, es el error, lo contrario de la veracidad es la mentira el engaño”. Esta definición me gusta porque me recuerda a Jacques Derridá cuando, al referirse a la verdad política, que no debería ser verdad sino veracidad, determina que la ignorancia sobre lo que se habla o el tener pocos datos o negar parte de éstos para hablar conducen necesariamente a mentir y engañar, sea de mala fe (como es el caso del que esconde información) o falta de conocimientos, como sucede con el ignorante. Y este es el punto que quiero tratar: la veracidad es un acercamiento a la verdad o al menos un poco de claridad en la confusión.
La novela Banderas sobre el polvo, de la que tomo el epígrafe, siempre me ha vllamado la atención. Esa fue la primera novela de William Faulkner, que no fue publicada en un principio (de hecho se publicó después de muerto Faulkner) sino transformada por los editores en otra que lleva el nombre de Sartoris. Y que si bien le dio fama al escritor, éste siempre se opuso a que fuera algo completamente suyo. Allí no estaba su veracidad sino una “verdad” construida por otros, desligada de sus percepciones y del mundo inmenso que había construido a su alrededor. Por eso tenía tantas historias en una sola (coroneles, pueblos recién fundados, guerras en vano, demencias, en fin, todo lo que después se vio en Cien años de soledad y en tantas crías literarias nuestras). Pero lo interesante no es que haya sido una primera novela compuesta por un todo delirante a los ojos de los editores sino el tema que se plantea en ella: la sordera, este defecto que aísla y, en ese aislamiento, construye el horror, la ignorancia acerca de lo que hay afuera y el delirio que nos creamos en la mentira.
Hoy sabemos que nos mienten los medios y que a los medios les mienten las fuentes y muchos de quienes trabajan en ellos. Descubrir una mentira es fácil: nunca está completa. A la mentira le faltan datos, es incoherente, cuenta con una historia triste, es una idea incompleta (inadecuada diría Spinoza) y al serlo genera dolor, burla y retraso. Pero la culpa no es de los medios, así como el sofá no es culpable del adulterio, sino de quienes buscamos verdades sin ser veraces, es decir, de los que miran sin comprometerse con lo que miran. Y lo que es peor, de los que se niegan lo que ven y entonces lo acomodan a lo que sienten. Se diría que no hay pertinencia entre el sujeto y el objeto o hecho noticiable. Veamos un ejemplo: la guerra de Irak. Allí se ha cubierto el conflicto de manera parcial, negando algunos datos y magnificando otros. De allí se nos habla de la violencia de los terroristas, pero no de la violencia de los invasores; se nos dan datos de un dictador obnubilado por el poder y la demencia, pero no de su símil a este lado del mar. Se habla de la destrucción y la muerte causada por las bombas, pero no de lo que implica esa destrucción urbana para las grandes inmobiliarias y la muerte de esos soldados, que son expuestos, para legitimar acciones con nuevas armas y aparatos de seguridad. La guerra de Irak, por falta de veracidad, no se ha leído como la construcción de un miedo que políticamente se legitima y así se justifican acciones terribles contra ese monstruo construido, lo que detiene voces de protesta, cuestionamientos y búsqueda de causas y efectos. Una desmesura en la batalla por la apropiación de sector económico (como es el caso de Bush-Osama bin Laden que no quieren ya participar juntos del negocio de los sico-farmacos) se considera una lucha contra el terrorismo cuando en verdad esta palabra es sólo un resorte para activar eliminación de enemigos políticos y económicos. Como digo, no hay veracidad sino una verdad confusa (que se trata de armar con censuras y auto-censuras) a la que le faltan partes y por ello es engañosa. Lo anterior desde el punto de vista político que nunca es veraz porque se fundamenta en un enemigo al que hay que deformar. Es la vieja táctica de los romanos, que anunciaban siempre que irían a luchar contra monstruos. Si ganaban, eran grandes héroes; si no, gentes muy valientes.
Pero hay otro ejemplo, que no tiene que ver con la guerra sino con la frivolidad: La Toya Jackson (famoso apellido de esclavos libertos), deja uno de sus senos al aire frente a noventa millones de espectadores, entre asistentes al concierto y espectadores, que se escandalizan (eso dicen los medios, mejor, quienes escriben en ellos) frente a la visión de lo más común que tiene una mujer y que es una de sus diferencias con el macho. Y uno ve ese seno al aire, que por la silicona parece más la cabeza de una ojiva nuclear, que es feo porque es artificial y debido a la penumbra creada por las luces más parece de plástico que de carne, y se pregunta: ¿dónde está lo escandaloso? En las plazas de mercado he visto a mujeres que dan de mamar a sus hijos, en los bares a mujeres sin camisa que tratan de ganar algo para comer, en documentales de guerra a mujeres que corren con los pechos al aire arrastrando una maleta, en el cuadro de De la Croix a la libertad con un seno al aire y una bandera de Francia en la mano que dirige los revolucionarios hacia el triunfo etc. Lo escandaloso está en el que da la noticia, que ha sido usado por el promotor de la cantante para promocionarla a punta de free-press (gratis) y así darle una ventaja competitiva sobre Madonna y otras que, para destacarse serán capaces hasta de sacarse el hígado para lanzarlo sobre la multitud delirante, siempre y cuando el emisor que da la noticia crea que el hígado es algo tan raro como un extraterrestre o tan emocionante como la llegada del Mesías. La fuente se vale de la ignorancia de quien informa, de su falta de veracidad. Y el que informa, creyendo que el acontecimiento es noticiable, cae en la trampa de lo que él mismo es: un impertinente. O sea, alguien que esta frente a un hecho que no comprende bien, que no ata con otros hechos y así da por nuevo lo que es bastante común y que más que una noticia es algo que se propicia para una buena burla. Pero, como la veracidad es la conexión de lo que se narra con el narrador, es lo que se emula (algo así como funcionan las neuronas), la mentira propia se presenta como una verdad que va al colectivo, en este caso a los perceptores, y lo que sería la veracidad se pierde para dan cabida a la ignorancia y la falta de análisis propicio y pertinente. Y con esto cuentan las fuentes: falta de conocimiento, poca capacidad para el pensamiento complejo, aridez en la comprensión sistémica y más propensión al espectáculo que análisis del acontecimiento real.
El caos se cría en la ignorancia y en la falta de admiración. En términos de Konrad Lorenz, en la carencia de comunicación con las razones de los demás y con esto que nos rodea (objetos, arquitectura, urbanismo) con la historia que nos toca y la lejana y con aquello que está demostrado como bueno o al menos como factible y ya permite crear a partir de ello. Si ignoramos acerca de lo que pasa, si admitimos el acontecimiento como algo que ha nacido espontáneamente, si no admitimos el complejo que forma sino que vemos de manera aislada, todo lo que digamos estará carente de veracidad y, por lo tanto de profesionalismo y de ética. Y digo de profesionalismo porque el periodista, antes que un informador, debe ser un analista que tenga criterios y esté en capacidad de crear un sistema con aquello que informa. Y su forma de pensar no debe hacer parte de ese confinamiento intensivo donde se justifica el no involucrarse sino de la calle, la literatura, las artes, los debates, el comercio y todo aquello que constituye el espacio público donde, como decía Hölderlin, los otros son de mi especie y por ello sujetos de tolerancia y reconocimiento.
En alguna ocasión, Fernando Savater dijo que los periodistas modernos antes que informadores eran meros actores que se apoderaban de un hecho para pasar por héroes. Así, por ejemplo, no importaba la tragedia sino que el periodista estuviera en ella informando o que firmara el artículo describiendo los hechos como un robot, sin cuestionarse. Y no podría decirle a Savater que está equivocado, porque eso es lo que vemos, héroes de dos minutos o de cien centímetros publicados que se remiten a lugares comunes, a repetir lo que la fuente dijo y no a confrontar esa información para sacar de ella la justa medida. Se dirá entonces que para hacer esto, en un oficio donde la premura es la constante, hace falta tiempo. Pero no creo esto porque, el periodista profesional se prepara desde ahora, cuando es estudiante, para ejercer su oficio. Imagínense ustedes a un cirujano que al momento de operar a un paciente comenzara a improvisar, aduciendo que no hay tiempo de estudiar mientras opera. Con esto queda claro que nos preparamos antes y después comenzamos a trabajar. Y como los viejos del periodismo y los del nuevo periodismo, seguimos estudiando en los intervalos. Robert Kaplan, por ejemplo, decía que mientras cubría la guerra de los Balcanes y la de Ruanda leía autores clásicos como Polibio y Julio César para saber si esa guerra que cubría era realmente nueva o simplemente una continuidad en el tiempo, una repetición de hechos y personajes que se diferenciaban de los viejos en los uniformes y la electrónica que llevaban encima. Lo mismo hacía Arturo Pérez Reverte, que a más de estudiar acerca de lo que iba a cubrir también leía noveles de aventuras y tratados de psicología para no cae en las trampas de las fuentes. Y lo mismo hizo Tom Wolf, el padre del nuevo periodismo, cuando enfrentó la sociedad neoyorkina y las oficinas de Wall Street. Fue a cubrir los hechos sabiendo de economía y sociología. Tenía claro que no sería un idiota útil, frase que a veces se nos olvida pero que no olvidan nunca los que quieres tergiversar la dirección de los hechos. Y, como sostiene Kapuscinski, incluso hay que ser subjetivo en ciertos espacios, pero no porque me asusto sino porque conecto lo que informo con otros hechos actuales y de la historia, que a fin de cuentas cuenta lo que sucedió y por eso no se puede evadir.
La certidumbre es muy difícil de establecer, pero no así la veracidad. En hebreo existe una palabra, hasbará, que traduce información, pero no como el hecho de comunicar al desgaire sino como in-formación, o sea informar estando dentro de la formación de los hechos, en eso que los causó y así estar en el interior a fin de evitar malos entendidos o propagación de intereses de terceros, afectando finalmente a la opinión que exige una información veraz y completa y no un show propagandístico o una serie de actitudes neuróticas, nacidas de la represión que, como teorizó Sigmund Freud, es pulsión de destruir lo que se desea y no se puede alcanzar. Hay noticias que al transmitirse más parecen la sublimación de una frustración intensa.
La veracidad, tomando a José Ortega y Gasset, nace de la conexión entre el hecho, las circunstancias (historia, conocimientos, relaciones) y quien lo narra. O sea que compromete a quien la propone porque, como anotaba Leibniz, la veracidad es una verdad moral, algo que construye y permite el debate y la opinión clara de la mayoría. O sea, que está comprometida con la existencia y la voluntad de decir la verdad. Con la existencia porque hace parte de lo que pasa y con la voluntad porque esta propone, en una persona que no esté desequilibrada, hacer lo mejor posible a fin de lograr un bien mayor y, en el caso de la información, una certidumbre. Y esas circunstancias de las que habla Ortega, cuando son comprendidas y estimulan el análisis, son la que crean al espectador, ese que ve, entiende y se hace a una opinión de la que no duda y esto lo estimula a la acción moral, que es la que busca el colectivo para erradicar la desconfianza.
La construcción de la veracidad
A pesar de que cuando nacemos ya tenemos un sistema neuronal eficiente, no nacemos con ideas innatas como lo propusieron los filósofos empiristas ingleses, excepción de John Locke, que entendió que para el conocimiento es necesaria la experiencia y la confrontación de ideas. O sea que la primera idea que tenemos del mundo no es la que nosotros construimos sino la que se construye alrededor nuestro. Esto es lo que Carlos Gustavo Jung denominó el inconciente colectivo, que además de palabras y hechos está constituido también por símbolos con los que nos familiarizamos cuando somos niños y que luego, si tenemos la suerte de educarnos, podemos entender no ya desde la emotividad sino desde la razón, que hoy no es una premisa universal y absoluta sino un tejido conformado por distintos conocimientos y la síntesis de verdades encontradas y cuyo mayor valor es la tolerancia, o sea el entendimiento de las razones del otro, de su historia y su cultura.
Anteriormente, la verdad, antes que ser la verdad era una herramienta terrible que usaba el poder para someter a quienes no comulgaban con él. Todavía hoy quedan algunos residuos de esas formas primitivas de sometimiento que antes que ser rechazadas de tajo, lo que sería intolerancia, deben ser entendidas como algo que conduce al error porque producen dolor y una clara estructura que se desmorona. Hoy en día, la verdad es un camino y la veracidad el hecho que lo construye. Pero, ¿cómo se construye la veracidad?
Albert Camus, el premio Nóbel argelino, decía que el periodismo era el oficio más hermoso del mundo porque permitía expresar el mundo y hacerse preguntas fundamentales. Camus, que antes de cumplir los veinte años escribió El derecho y el revés, un texto de crónicas sobre las gentes y los lugares de Orán que le permitieron saber porqué era norteafricano y qué significaba esto en un mundo cosmopolita donde leía en francés, conversaba con la madre en español y hablaba árabe en la calle. Y de esas primeras conclusiones fue tejiendo su teoría sobre la condición humana, nacida de saber, interpretar y proponer. Primero saber, para no confundir la piedra con el diamante, lo negativo con lo positivo y la vida con la muerte. Luego interpretar, hacer el balance, equilibrar y entender que lo que sucede también toca conmigo y no soy un mero testigo asombrado, sordo y mudo. Y al final hacer la propuesta humana, eso que nos hace. Creo que Albert Camus es un buen ejemplo de veracidad porque antes de ver el afuera se vio desde adentro haciendo un balance de lo que tenía para comprender lo que verían sus ojos. Y así interpretó la vida en Orán y luego la vida del mundo, teniendo en cuenta que primero era humano y luego un dador de noticias.
Hay un tango que me gusta mucho y se llama Don Agustín Bardi, lo interpreta Daniel Barenboim y no le sé la letra. Y este tango me gusta porque me remite a Buenos Aires y misteriosamente a la plaza San Martín, donde está el Cavanagh, el primer rascacielos de la ciudad, la torre de los ingleses, el final de la calle Florida y un barcito en un sótano atendido por una mujer de la que me enamoré por una hora. Con esto quiero probar que un solo estímulo lleva a muchas cosas conocidas que al momento de hacer periodismo permiten conexiones maravillosas con la vida, con la belleza y con lo atroz, con el orden y el desorden. Y al recordar a Don Agustín Bardi, también he recordado a Guy Talese, ese maravilloso periodista norteamericano que al no poder entrevistar a Frank Sinatra lo siguió para narrarlo desde los recorridos por la calle, los amigos, los bares y los teatros donde cantaba. Y, de igual manera, Talese narró la ciudad de New York desde los gatos y los obreros de la construcción, desde los barcos que iban por el Hudson y los letreros luminosos de la noche. De Talese no sé qué canciones oía, sólo sé que tenía una biblioteca que se había leído tres veces acotando cada libro.
La veracidad es un principio de honestidad con uno mismo, un saber que se necesita saber más cada día y que saber implica ser más humano. Por eso me gusta la entrevista que le hizo Truman Capote a Marylin Monroe y que aparece en Música para camaleones. En esa entrevista, Capote es un hombre más de los que se sientan en las bancas de los parques para conversar con quien se haga a su lado, en ese caso Marylin que está vencida y ya propicia para el suicidio. Y en esa conversación antes que la tragedia aparece la belleza, la gratitud, la seguridad que en ese momento se está evitando algo que deshonre más a la mujer. Esa entrevista me gusta porque presenta a una Marylin que, a pesar de su destrozo moral y su muerte premeditada, todavía se aferra a la vida y busca una oportunidad.
Ser veraz, entonces, es cosa de dignidad y de estarse haciendo preguntas a las que hay que encontrarle las respuestas. Por esto la investigación, el estudio y el estar en contacto con otros y no en confinamiento intensivo y ajenos al mundo que nos rodea. Hay que involucrarse, dejarse asombrar (y alegrar, como sostiene Baruj Spinoza) por lo que sabemos y estamos en capacidad de entender. Hoy sabemos que la inteligencia es la capacidad que tiene el hombre de resolver problemas complejos, es decir, en conexión con muchas cosas. Y esa inteligencia interconectada es la que nos permite la veracidad y la posibilidad de crear un poco más de verdad.
El problema de la verdad en el periodismo no son los medios, somos nosotros y los límites que nos imponemos para no ser veraces. Y esto es una contradicción, porque a más veracidad más mundo. Diría entonces que el problema no es la herramienta que usamos sino el poco mundo que tenemos y con el que nos conformamos y que podemos ampliar si queremos. La veracidad es el estado de conciencia (de conocimiento) que me da seguridad en la interpretación del acontecimiento. Y si bien no es la verdad, es la señal que me dice por dónde va.
Concluyo con una pequeña historia:
El hombre llamado Esteban, al subir las escaleras, notó que su sombra burlaba extrañamente la luz amarillenta que iluminaba el ambiente y que provenía de una pequeña bombilla que permanecía dentro de una caja enrejada en la que abundaba el polvo y donde se veían algunas moscas muertas. La sombra subía las escaleras más rápido que él, como si llevara una gran prisa. El hombre miró hacia atrás para ver qué podría producir el fenómeno, pero sólo vio las escaleras que había subido y un espacio al fondo que iba del amarillo al verde y finalmente se volvía oscuro. Le pareció que salía de una boca y que él era una lengua que se estiraba. Pero esto no lo inquietó tanto como que su sombra se moviera con ese afán misterioso, prisa que él no tenía sino que por el contrario subía cada escalón tan lento como le era posible. Le dolían las rodillas y algo le molestaba el pecho, como si una hebra de hilo se le hubiera enredado entre los bronquios. Afuera llovía y el cielo estaba oscuro.
Cuando llegó a la puerta 402, el hombre llamado Esteban se detuvo y descansó. Había subido ochenta escalones de un edificio viejo y estaba agitado. Y mientras estuvo allí al frente de la puerta, tratando de respirar mejor y esperando a que el dolor que sentía en las rodillas se calmara un poco, su sombra desapareció. Supuso que se debía a que estaba bajo una bombilla. Pero no era así. La bombilla estaba a su espalda y esto obligaba a que su cuerpo diera sombra, pero fue como si la luz en lugar de atravesar al hombre llamado Esteban estuviera cruzando una bolsa de aire. Pensó que era algún efecto producido por la contaminación y sacudió la cabeza mientras buscaba la llave en el bolsillo de la chaqueta. Cuando abrió la puerta y encendió la lámpara de la habitación, su sombra lo esperaba al lado de una ventana. La miró con recelo y un poco de temor. Y como todavía tenía las llaves en la mano, se las tiró. La sombra no se movió. Decidió entonces ir hasta ella y cuando estuvo cerca, la sombra se movió y se colocó al otro lado de la ventana. Al hombre le pareció que era un limpiador de vidrios.
-No jugarás conmigo -dijo el hombre llamado Esteban. Le temblaron los dedos cuando abrió la ventana. Una ráfaga de lluvia fría entró en la habitación y el hombre vio como su sombra bajaba por la pared del edificio de enfrente y al fin se posó en la calle como si fuera un recorte de papel negro.
El hombre llamado Esteban bajó de nuevo hasta la calle. En su mano derecha llevaba un paraguas amplio y negro. En la izquierda un bate de béisbol.
-Te aplastaré como a un piojo -dijo el hombre. Caminaba con dificultad en esa lluvia y su cuerpo, bajo la luz de neón, cobraba tintes en diversos azules. Y cada vez que se acercaba a la sombra, ésta cambiaba de sitio. Al fin, luego de seguirla a un lado y otro de la calle y quizás por azar, logró darle a la sombra con el bate. La actividad, el frío y el agua que no paraba de caer y de correr a sus pies le crecieron el dolor en las rodillas y la congestión en el pecho.
-Ahora me prepararé un té -dijo el hombre llamado Esteban. Y entró en el edificio y comenzó a subir los ochenta escalones. En el tercer piso, una vecina, envuelta en un albornoz y con la cabeza cubierta por una redecilla, le salió al paso.
-Lo vi todo, lo felicito -le dijo.
-Gracias -murmuró el hombre llamado Esteban. A su lado, la sombra permanecía quieta y humillada”.
19. ¿Existe un plan de RSE en la formación académica de los profesionales del periodismo?. ¿Y en las empresas para las que trabajan? ¿cómo trasmiten los panelistas a su equipo el concepto de RSE?.
No conozco un plan de RSE en la formación académica para los periodistas. Dese mi punto de vista quienes deben transmitir el concepto de RSE debe ser la empresa periodística, cosa que hasta donde yo se no lo hace ninguna.
20. ¿Creen que es legítimo influir sobre las interpretaciones dictopólicas de hechos translocales?
No entiendo la pregunta.
21. Si tuvieran que hacer una comparación de la forma de hacer periodismo en Uruguay, Argentina y Brasil ¿cuáles serían las principales diferencias?
Creo que no hay diferencias, por lo menos en lo que yo entiendo que es periodismo y que no es cualquier cosa en cada uno de estos tres países. La diferencia estriba en las posibilidades para hacer un buen periodismo. Tanto en Argentina como en Brasil se cuenta con mejores medios que en Uruguay.
22. El famoso episodio Bloomberg/Batlle ¿qué opinión les merece desde el punto de vista de Responsabilidad periodística?. ¿Se puede decir que hubo buenos y malos?.
En todo caso lo que hubo fue gente que hizo su trabajo ( el periodista) y quien no lo hizo (el secretario de Sepredi del presidente que debía cuidarlo y advertirle que había una cámara prendida y que estaba frente a un periodista). No creo que haya habido buenos y malos, creo que había alguien que pensaba que tenia impunidad para decir lo que quería y que no iba a pasar nada... y pasó.
23. El caso del malón del Cerro citado por Ladra: ¿no es responsabilidad de los medios investigar?, ¿no era importante, de interés público?. ¿A quién le corresponde el chequeo de la información que transmiten?. ¿Quién debería hacerse cargo de contarle a la población qué pasó?, o no le importa a nadie.
La responsabilidad de los medios debió haber sido sin duda decir está pasando tal cosa, la reacción de la gente fue tal y decir después que fue una falsa alarma. La responsabilidad de investigar de donde provino el rumor, que fines persiguió etc, debió haber sido del Estado, cosa que no se hizo. Hasta ahora no se sabe de dónde surgió el rumor, quien lo dijo, que objetivo tuvo.
24. El Sr. Ladra se preocupa porque la prensa escrita está perdiendo lectores y afirma los jóvenes no leen ¿qué hacer?. Me pregunto, les pregunto: ¿para quiénes están dirigidos los diarios, los medios de comunicación? ¿dónde está el límite entre informar y vender? Quizás si losmedios se preocuparan por los jóvenes o les dieran espacios éstos se interesarían.
Lo dije en mi presentación. Hoy la prensa corre peligro por la pérdida de lectores, los jóvenes no leen diarios y no porque se lea menos, sino de manera diferente. Si alguien dice que los jóvenes, los adolescentes leen menos, que me expliquen como es que Harry Potter se convirtió en un éxito de ventas en el mundo entero, y no son novelitas de 60 páginas sino de hasta 700 páginas. Se sigue leyendo, hay abundancia de lugares donde leer además de los diarios. Entonces ¿qué es lo que pasa para que no lean diarios?. Es que nos estamos alejando de nuestros lectores. Cómo le puedo pedir a mi hija de 13 años que lea un diario si las notas son largas y hablan de algo así como que “el dirigente del MPP dijo que …, o el senador fulano de tal aseguró que…, o se habla otra vez del nunca aclarado crimen del químico chileno Eugenio Berrios”.
Debemos recuperar la vitalidad, la sorpresa. Debemos celebrar un nuevo contrato con los lectores, con nuestros lectores, los actuales y los que vendrán. Hay que salir de la siesta pueblerina, levantar las losas del aburrimiento con que nos someten todos los días viejos propietarios anacrónicos que se resisten a cambiar, que piensan que sus “épicas batallas” son las nuestras y peor aun, que son de los lectores.
Lo felicito por su alocución. El periodista argentino Bernardo Neustadt negó ser un conspirador por criticar al gobierno de turno, sino, por el contrario, se definió como un respirador por aprovechar el poco espacio que actualmente le brinda el cerrado corporativismo de los medios para decir su verdad: ¿dónde está la verdad de la opinión pública uruguaya en los medios uruguayos?.
Desde mi punto de vista Neustadt no es el mejor ejemplo de periodista independiente. Neustadt, mientras estuvo en el aire ha sido la voz oficial de todos los gobiernos por lo menos durante los primeros tres años. En cuanto a la pregunta me remito a la respuesta 18.



laveron dijo
Antonio...el periodismo uruguayo está demasiado agarrado de los dueños de la manija (o sea, de los medios que a su vez están agarrados a los señores del poder). ¿Por qué no hablar de Cuba en dictadura en la República? Para no perder el trabajo, supongo. Sin embargo, Lanata (periodista no muy querido por los periodistas uruguayos)trabajó en canal 12 y dijo lo que quizó. Y cuando no lo dijeron decir más le levantaron el programa. Pero no se achicó. Yo sé que es una posición Kamikaze la mía, y que no cualquiera puede tomar esas desiciones, pero admitamos que el margen de libertad de los periodistas uruguayos en los medios del país son muy estrechos, y que no hacen nada, juntos, por resolver ese cuello de botella..¿o no?. ¿para qué sirve la Asociación de la Prensa? no se supone que desde ahí podrían denunciar las mordazas que los presionan. No sé...llevo años de descreímiento con el periodismo del país. El ejemplo más cruel es que después de años de sabido y más que sabido los sucesos de violaciones de DDHH en la dictadura, ahora la TV parece haber fundado Caracas donde ya estaba fundada. Ahora hablan de torturas, desapariciones, torturadores. Por años se callaron la boca. Claro, ahora sopla otro viento y a los medios les conviene hablar. Y los periodistas le siguen la bolada. En código país, hace unos meses, la mejor contestación sobre una pregunta sobre este tema la dió la Michelini. El periodista le dice : "Cómo usted nunca habló de esto" y ella contestó. "es que ustedes nunca lo preguntaron" En fin, daría para una larga charla.
24 Noviembre 2005 | 01:30 PM