El ministro del Interior de Argentina, Aníbal Fernández, salió por primera vez a la arena pública a opinar sobre el diferendo por las plantas de celulosa y lo hizo, si se usa la jerga futbolística, con la plancha en alto. Dudó expresamente de las condiciones de liderazgo del presidente Tabaré Vázquez en su relacionamiento con las empresas y propuso irónicamente que para solucionar el conflicto se deben reunir el presidente Néstor Kirchner y el presidente de Botnia. Sus expresiones, lejos de ser las de un gobernante preocupado por la espiral de enfrentamiento entre los dos países no hicieron más que echar nafta a la hoguera.
Es cierto, Uruguay, Tabaré Vázquez, no tienen potestades para paralizar las obras de la empresa Botnia ni de ninguna otra y expresamente nunca se le pidió que lo hiciera. Hacerlo significaría violar la ley y de eso Fernández sabe mucho, puesto que en Argentina se ha violado la ley repetidamente. Sólo basta preguntarle a los tenedores de bonos japoneses e italianos o a los miles de argentinos damnificados por el famoso “corralito”.
Uruguay, bajo cualquier gobierno, se puede jactar en el mundo entero, y eso a esta altura no es noticia, de cumplir siempre con sus compromisos.
Pero más allá del contenido de las palabras de Fernández las formas revelan, y sólo basta citar a una líder política argentina, Elisa Carrió, una supina ignorancia y grosería que está lejos de ser el mejor mérito que puede exhibir un ministro del Interior.
El currículum de Aníbal Fernández no da como para que pueda pavonearse a través de los medios de comunicación cuestionando de esa manera al presidente de todos los uruguayos.
Está claro que Fernández habló en esos términos porque no entiende qué es la ley, porque no la ha cumplido. En el año 1991, en diciembre, asumió como intendente de Quilmes: en aquel momento era un duhaldista convencido, después de haber sido un duhaldista-menemista convencido, tal como hoy es un kirchnerista convencido. Sus primeras palabras fueron de lo más alentadoras. Habló de austeridad y justicia. Cuatro años después abandonó el sillón comunal dejando una estela de deudas, muy poco dinero en caja y un incremento sustancial en los tributos que debían pagar los habitantes de Quilmes.
A poco de culminar su mandato estalló un escándalo que lo involucró directamente a tal punto que al ser citado por un juez se escondió durante 15 días hasta que logró no ser encausado.
En el libro “Tierra de pocos” del periodista argentino Hernán López Echague, hoy viviendo un particular exilio en Nueva Palmira, se cuenta el hecho. “El ministro del Interior es un personaje que en octubre de 1994, cuando estaba a cargo de la Intendencia de Quilmes, fue acusado de haber cometido irregularidades administrativas por el juez Ariel González Elicabe, quien finalmente ordenó su detención. Aníbal Fernández huyó de su despacho oculto en el baúl de un automóvil y se refugió en alguna pocilga duhaldista”.
Hay otro libro del periodista Daniel Otero en la que se revelan cuestionables aspectos de la gestión del hoy verborrágico ministro Fernández.
Cuenta Otero que “en octubre de 1994 la bonaerense allanó 'Estadio Chico'. El local fue en sus días de gloria uno de los escenarios que tuvo el rock nacional en el sur del conurbano. En los noventa cayó en la agonía. Hubo un pase de manos. Y hubo también un cambió de rubro.
En el procedimiento, la ley secuestró medio kilo de cocaína de mediana pureza, una balanza de precisión y elementos para el fraccionamiento. La mercadería estaba ordenada en pequeñas bolsas plásticas. Tenían una etiqueta que indicaba el destinatario: bares y colegios secundarios de la zona.
Lo incautado -estimaron los investigadores- fue nada más que 'la diaria'. La sustancia y la balanza fueron encontradas entre miles de boletas -de la reforma constitucional de la provincia-, por el Si, sobrantes de la consulta popular que se había realizado el 2 de octubre de ese año. 'Estadio Chico' llevaba tres años como local de la Liga Federal”, el grupo político que llevó a Fernández al sillón de Quilmes.
Sigue Otero: “Una apretada síntesis de los escándalos que estallaron durante la gestión de Fernández daría el siguiente resultado: alquiló por 36 meses las instalaciones de una vieja clínica para destinarlas a los Tribunales a un precio similar al de su compra -$ 792.000-; impulsó y obtuvo el nombramiento como juez del último intendente de Quilmes durante la dictadura militar; contrató los servicios de una empresa que entregaba comida con materia fecal a los empleados del área de salud del municipio. Cuando se descubrió el condimento de las viandas no suspendió el contrato; pagó 720 mil dólares anuales en la telefonía celular del municipio, el doble de lo destinado a Acción Social y la mitad de presupuesto de Salud. Así, cuando un funcionario judicial tocó a su puerta, Fernández pasó a la clandestinidad. Pidió 'garantías' desde su quinta en Florencio Varela, donde pasó el breve exilio interno, 15 días. Y se entregó a la Justicia: 'Vengo para dar la cara', aseguró en su reaparición pública. 'No estoy arrepentido porque lo que llevamos adelante fue una propuesta honesta de trabajo. Puede haber habido algún error administrativo, como sucede en las mejores familias'”.
Las garantías solicitadas tuvieron formato de banca legislativa. Para ello se usó la ingeniería electoral tan de moda en estos países y así llegó a ser senador y a tener fueros: el primer uso que hizo Aníbal de sus fueros como senador electo, fue negarse a declarar ante el juez".
Ahora tiene ambiciones de ser gobernador de la provincia de Buenos Aires en 2007, aunque el kirchnerismo ve, en principio, ese lugar para la primera dama, Cristina Fernández de Kirchner, a pesar de que ella quiere mucho más que Buenos Aires: el sillón de la Casa Rosada.
Por ahí se explica esta salida de tono de Fernández o porque lo mandó el jefe, es decir el presidente, o porque quiere hacer puntos con el jefe.
También puede interpretarse que Argentina ve que con la movida última del gobierno uruguayo, de dar por finalizada la negociación, el camino es la Corte de La Haya y allí no es nada seguro que pueda ser atendida la pretensión argentina y de los medioambientalistas de Entre Ríos de suspender “sine die” la obras. Un repaso de las posiciones que adoptarían los jueces de La Haya, una cuenta que es seguro que ya hicieron en el despacho del presidente argentino, da como resultado que en el mejor de los casos, de los 15 magistrados, sólo tres apoyarían a Argentina y habría entre dos y tres abstenciones. El resto, sin duda, apoyaría la posición uruguaya.
10 comentarios
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados
« Periodismo Hispanoamericano | Inicio | Famosos y periodistas, escándalo en el New York Post por una red de favores »



En 1994??? Eso si que es una noticia fresca! Qué suerte que lo revelaste, supogo que tras esta publicación lo destituirán del cargo.
Me encanta tu fina ironía. ¿Supongo que tu lo sabías?
¿Supongo que te parecerá interesante publicar algo que tiene más de 10 años y que a fin decuentas es un editorial disfrazado de noticia?
¿Y por qué no? ¿Tenes otra idea, enano? ¿Me podrás iluminar? Aguardo tus clases de periodismo que, supongo, que deben ser muy interesantes y novedosas
Autor del Blog:
Le comento que usted está utilizando información falsa provista por un sitio de la derecha argentina. A sus lectores les recuerdo que lo que el ministro Argentino dijo sobre Tabaré es simplemente la verdad. El presidente Uruguayo no pudo interceder para que las papeleras paren las obras, cuando eso había acordado con nuestro presidente. Entonces, Fernández afirmó, que quizás se tengan que reunir el presidente de Botnia y Kirchner.
Tabaré evidentemente no tenía ese poder... Disculpen hermanos Uruguayos pero eso no es denostar.... Cómo si lo hizo vuestro ex-presidente Jorge Batlle Ibáñez (Otro amigo de las papeleras contaminantes) quien afirmó que los argentinos eramos todos ladrones... del primero al último.
Sr. Fino, a Fernández no se lo ocurrió decir que los Uruguayos eran todos contaminantes del primero al último o que se re contra cagaban en la ecología... cosa que Battle no hubiera dudado en decir.
por eso, no se base en información falsa e investigue a las papelras.
Saludos desde Argentina Diego FG
Antonio Ladra (Autor de este Blog) En la Argentina decimos que la "Perro que LADRA no muerde" Usted igual que Tabaré es un TIBIO y a los tibios los vomita Dios...
Fuerza ministro del Interior. Usted no es como Tabaré que se caga (De miedo) ante los demás.
Este Ladra (Es su apellido) pero no muerde...
Toda la comunidad de Gualeguaychú apoya al ministro del Interior Aníbal Fernández por afrontar con valentía a los conglomerados contaminantes y a sus contratados políticos Uruguayos.
NO A LAS PAPELERAS
Gracias ministro Aníbal Fernández!!!!!!
Las pavadas que hay que leer. Ensucian todo, como si la calumnia pudiera circular sin que nadie le saliera al cruce. El señor Ladra, un buen mandado, quizás ni siquiera a sueldo de a quienes alcahuetea, trata en ensuciar a Anibal Fernández, que - obviamente - tampoco es santo de mi devoción. Sin embargo entiendo que el método de la difamación y la mentira de poco le sirve a la causa uruguaya, especialmente cuando esa mentira está basada en fuentes de los "servcios", con las que que el señor Ladra parece tener contactos fluìdos.
A los amigos argentinos les pido que en todo caso den la cara y no se escuden en el anonimato. Solo les pregunto: el señor Fernández, ¿estuvo o no buscado por la justicia?, ¿se escapó o no en el valija de un auto cuando los fueron a prender?, hubo o no hubo denuncias de irregularidades en su gestión?
Si me dicen que esto no es cierto pues me rectifico, pero antes den la cara. Los insultos y otras lindezas no son de mi estilo asi que me resbalan.
Lamentablemente, en un país donde se respeta el estado de derecho, los presidentes y el ejecutivo no tienen la potestad de imponer a nadie (las empresas o al pueblo) algo que no está contemplado en la constitución. Esto no quiere decir que el presidente sea tibio, sino que es un estado de derecho.
Sin embargo, el poder ejecutivo sí tiene la potestad de controlar y clausurar aquello que sea contaminante. Estas plantas no están siquiera construídas y todos los estudios indican que van a cumplir las normas y la ley; si en el futuro contaminasen el ejecutivo las cerraría sin dudar, commo lo ha hecho Tabaré y Arana en sus gobiernos previo de Montevideo.
El pueblo Argentino se está acostumbrando peligrosamente a hacer difusos los límites entre el derecho y la imposición a través del poder del estado.