Entrevista: Alberto Fuguet
Más de una vez ha contado Alberto Fuguet (Santiago de Chile, 1963) que se hizo escritor porque era mucho más barato que ser cineasta.
Que se hizo escritor al salir de ver La ley de la calle y entender que ahí, en la historia de Rusty James y su banda, en el fantasma de su hermano mayor y las peleas callejeras de un adolescente inadaptado, había literatura.
El romance de Fuguet con el cine viene de antaño y, tras escribir el guión de Dos Hermanos (2000), y publicar esa larga carta de amor titulada Las películas de mi vida (2003), decidió aventarse a la piscina con su primer largometraje. Se arrienda se estrenó en Chile el año pasado, dividiendo a la crítica y al público, un efecto que acompaña a Fuguet en casi todo lo que hace. Algo que también ocurrirá, seguramente, con su próximo largometraje, todavía en preparación y que responde al título de Perdido.
Mientras esperamos que algún festival o distribuidor se apiade de nosotros y decida estrenar Se arrienda en España, pudimos conversar con Fuguet, de paso por Madrid para promocionar su último libro, Cortos, una estupenda colección de relatos que debe contarse entre lo mejor de su carrera como escritor, publicada originalmente en Chile hace dos años y editado finalmente por Alfaguara España.
Leí en alguna parte que la base para su nueva película, Perdido, es Road Story, uno de los relatos de Cortos ¿es cierto?
Sí, algo, no completamente, pero algo. Está mezclado con un libro que leí, de un ex compañero de taller, Francisco Mouat. Cuando terminé su libro lo llamé y eso que no éramos amigos, no es que me cayera mal pero cuando estábamos juntos en el taller de Antonio Skármeta no teníamos onda, me parecía un tipo bastante aburrido, fome. Pero terminé de leer su libro, El empampado Riquelme, esto fue como hace cinco o seis años, y lo llamé y le dije: Oye, mira es como raro que te llame yo, pero me encantó tu libro. Incluso yo sentía que él no era pro yo, whatever that means. Fue como romper el pudor, sabiendo que él me consideraba como second rate, y decirle eso, que había conectado mucho con su libro y que si algún día hacía una película me gustaría filmarlo. Así que yo sentía que tenía que cumplir esa promesa, y la película está basada en su libro, en Road story y otro cuento chico que está en Cortos y que se llama igual, Perdido, que es como la baza moral del libro. De hecho, hace poco tuve que hacer un teaser de la película, una sinopsis antes de que exista la película para seducir a futuros inversionistas, donde hay que mostrar el tono y de qué va la peli. Mi película no tiene voz en off, o sea, tiene pero muy poco, sólo al final. Pero claro, al filmar algo en diez minutos, al no tener todos los actores, sólo pude conseguir al protagónico, tuve que hacer un teaser con voz en off. Y ahí usé un trozo del cuento Perdido, me di cuenta que tenía mucho que ver con la película, con el tema de perderse en un país desaparecido donde la gente se preocupa más de los muertos que de los vivos, es como hacer una película política sin que nadie se entere.
Y ahora qué va a filmar la segunda, ¿qué tal la experiencia de la primera? ¿qué tal la experiencia de enfrentarse al público, a la crítica, llevar el cartelito de director?
Bueno, en realidad todo eso es mucho más secundario, más epidérmico. Lo principal es que yo me siento mucho más director ahora. Yo siempre creía que era director pero era más una sensación, hay una expresión en Chile que dice "otra cosa es con guitarra". Entonces, en esa primera película estaba mucho más inseguro, más asustado, traté de ser más nice guy. Ahora sigo siendo nice guy pero con más firmeza. Yo acepté muchas cosas en Se arrienda que no hubiera aceptado de otra manera, todo para no tener que armar un escándalo. Ahora creo que no armaría un escándalo pero diría, sencillamente, no. Cosas de producción, cosas que yo sentía que estaban equivocadas pero que aceptaba y en parte era culpa mía porque yo nunca seleccioné a los de producción. Esta vez, con Perdido, he tenido que formar mi propia empresa, estoy poniendo muchos huevos en el canasto porque me di cuenta de que producción es clave. En Latinoamérica, pasa que mucha gente que se dedica a hacer producción hace cine porque no los llamaron para hacer comerciales. Entonces, el resultado artístico o estético para ellos es secundario. Por ejemplo, tú dices que necesitas un hotel y ellos te consiguen un hotel pero no es el que tú querías, y eso te puede quebrar toda la estética, toda la moral de tu película. Por eso fundé Cinépata, mi productora. Y Margarita, la chica con la que trabajo ahora, está más enganchada al cine que yo, alguien que te puede discutir que Wong Kar Wai está sobrevalorado. Mientras que antes a mis productores no creo pudiera convencerlos de ver Rojo o algo así. Y se dedican al cine. Además claro, como han hecho cuatro películas tú tenías que estar agradecido de haber trabajado con ellos. Yo ahora me siento mucho más confiando, sabes que tienes mucho más control al manejar la producción. He tenido ya un par de experiencias en cine, mi primera película como director, más trabajo como guionista y otras cosas como productor. Hace poco vino gente de un canal de televisión a Cinépata, querían hacer una serie de televisión onda HBO. Les planteamos un proyecto y les gustó mucho, así que decidieron que hiciéramos un teaser, uno de verdad, así que salimos a filmarlo y yo me sentí muy bien, me di cuenta, ya lo había notado antes pero sobre todo lo sentí ese día, que me gusta, que lo hago bien, que exijo, que tengo el control.
¿Cómo se preparó para dirigir?
Lo primero fue algo físico, bajar de peso, entrenar, nadar. No es broma. Me di cuenta de que tenía que tener stamina. Yo siento que escribir es algo así como for pussies. Ya sabes, estar sentado con un café, en un sillón. Dirigir es algo físico, sufres de calor y de frío, tienes que llevar unos buenos zapatos, tienes que levantarte a las 5 de la mañana. Tienes que acostarte pronto, te quedas dormido a las 9 de la noche porque llevas catorce horas a tope y te tienes que despertar mañana temprano y back to work. Y luego leía un libro como loco, todas las noches: Haciendo cine de Sydney Lumet. Yo me leí todo, de todos los directores. Nos encomendamos a Clint Eastwood, hicimos unas tarjetas con una frase suya, era como nuestro santo. Intenté armar equipo. Nunca he hecho tanto discursos en mi vida como dirigiendo. Un poco autoayuda para cineasta, creo que igual se me pasó la mano un poco, la gente me miraba como un freak. Pero intentaba crear equipo, hacer repaso al esfuerzo que habíamos hecho y ver qué nos quedaba por hacer. Hubo un día súper fuerte, el último precisamente, no fue un día malo porque se acababa, yo pensaba que iba a estar triste porque todo se acababa, pero hubo una pelea muy fuerte, fue el único día que lloré en el set. Luego me recuperé, filmamos la última toma, terminamos. Hicimos las paces con mis enemigos, le pedí a mi editora que montara todo el material que teníamos filmado y me mandé un último discurso. Les expliqué que habíamos perdido todo un verano pero que esperaba que esto fuera mucho más, que yo me sentía orgulloso, que esto no era una pega, no lo había sido para mí y esperaba que para ellos tampoco. Creo que lo principal es tratar de armar equipo con gente parecida a uno, en Se arrienda quizá fue algo así como el 70% y espero que la próxima sea lo más parecido a una Woody Allen Production, donde todo el mundo participa, donde a todo el mundo le interesa el cine, gente que sabe que esto es bueno para su curriculum o para su ego personal, que sientan lo que yo siento. No sé, a mí, por ejemplo, me gustaría encargarme aunque sea del catering de cualquier película de Michael Mann, esa sensación es lo que me gustaría lograr.
¿Y con tanta actividad cinematográfica, le da tiempo a escribir?
No. Casi nada. Estoy leyendo mejor, sí. Pero bueno, escribí un guión. Eso también es escribir, un guión puede ser como un libro. Igual de personal. Incluso más, porque el cine, no sé, te permite ser más como romántico, más personal incluso. Uno de los grandes secretos del cine es que si bien las películas se hacen en colectivo, te permite ser mucho más personal, porque estás rodeado, tienes un equipo, y ese temor a mostrarse demasiado que siempre tenemos se diluye un poco. En una película los sentimientos pueden ser un poco más extremos, hay cosas como una mirada de amor que en literatura, pueden quedar muy mal, mientras que en el cine funcionan. Decir algo como: "Sentí que ella me completaba", como en Jerry Maguire, esa puede ser una sensación completamente real pero en literatura tienes que ser muy muy bueno para sacar una frase así adelante. Pero en Jerry Maguire la compras, quizá ahora pueda parecerte cursi, corny, pero en el momento, en la sala de cine, hubo un touch.
¿No ha escrito ningún libro entonces después de Cortos?
Bueno sí, está el libro sobre mi tío, que se perdió en Estados Unidos. Está casi listo, me he dado cuenta de que ese libro está filmado ya, le falta montar y la música, le falta la postproducción, y no he tenido tiempo todavía porque Perdido es una urgencia mucho más fuerte. En todo caso, ambos proyectos está totalmente interconectados. Así como Las películas de mi vida y Cortos fueron planeados como un combo, algo así como un largometraje a color que tenía que ver con el cine y una serie de cortos-cuentos en blanco y negro que también tenían que ver con el cine. Ahora estoy planeando unir cine y literatura, mi idea es sacar dentro de un plazo de un año una película llamada Perdido con un libro llamado Missing, que en el fondo es el mismo título en dos idiomas. Una en formato visual, el otro en formato escrito. Ambas son historias totalmente distintas pero de alguna manera yo siento que son la misma historia, eso me parece mucho más interesante que sacar el libro de la película, algo que me parece horrible y que nunca haría. Me atrae mucho más que estén unidos temáticamente y por el título: El libro sobre un tipo chileno que se pierde en EE UU y la película sobre un tipo chileno que busca a otro en los confines de Chile.
Ahora que está tan metido en el cine y todo lo que habla tiene que ver con el cine, ¿cómo se le hace tener que hablar sobre un libro que publicó originalmente hace dos años y escribió hace más?
Ha sido raro y te confieso que me han dado ganas de escribir. Lo que te demuestra que uno es una slut, que uno es tan débil que el feedback le afecta, le ayuda también. Yo no tuve feedback con este libro en Chile, porque no lo permití. Cuando lo lancé hice una sola entrevista. Hice un experimento en todo el sentido de la palabra, un experimento desde la portada hasta la promoción. Esto último porque no hubo, concedí una sola entrevista, una entrevista larga a El Mercurio y fue muy curioso porque ha sido la única vez que he sido portada del suplemento de El Mercurio. Algo que me llamó mucho la atención, no porque creyera que la mereciera antes, pero tanta gente ha sido portada de ese suplemento, muchos debutantes. Y yo nunca lo había sido, ni con el primer libro, ni con el segundo, ni con el tercero, ni por el cuarto. Lo he sido con el séptimo. Y eso que soy local y que yo siento que soy semiconocido en Chile. Edmundo (Paz Soldán) ha sido portada, seguro que Santiago (Roncagliolo) también. Me llamaba la atención que yo no. Entonces eso, sólo hablé con este tipo de El Mercurio y ya está. Yo estaba metido en preproducción de Se arrienda, así que nunca supe. Además, como la crítica casi ha desaparecido, recuerdo que un crítico dijo que estaba como bien y otro dijo lo contrario. Y tampoco hice promoción en Estados Unidos, el libro salió allá, le fue súper bien pero no me tocó ir de tour como con Las películas de mi vida, con el que recorrí el país de costa a costa. Así que este es como mi primer acercamiento realmente al libro.
¿Y qué tal?
Muy bien, ha sido súper divertido. Pero creo que tiene que ver más con la gente que con el libro. Creo que ahora hay un público que conecta más con mis libros. Eso ha sido siempre un problema con mis libros, que siempre han estado como más adelantados. No quiero decir con esto que sean buenos o malos, sencillamente que antes se les atacaba por las razones equivocadas. No se entendían, los críticos no los entendían. Este crítico chileno, por ejemplo, que dijo que Sobredosis era uno de los libros más degenerados que se habían escrito. Y eso no, claro que no. Están Sade, Bukowski, etc. Lo único que demostraba eso era que el tipo este era un poco inculto.
Una de las cosas de las que hemos hablado en anteriores entrevistas, es de lo poco que le gusta España ¿ha cambiado un poco su percepción con lo bien que ha sido recibido el libro y lo cómodo que se has sentido?
Sí, ha cambiado. Aunque me siento un poco puta en este sentido, porque parece que ahora me gusta porque me quieren. Me gustaría explicar un poco por qué no quiero España. Más que no querer el país, hay algo de provocación y de pose y también un poco de decisión interna, personal. Yo siento que uno tiene que tomar decisiones a cada rato en la vida, decisiones que lo comprometen. Y esto, tomar algunas decisiones, es una de las cosas de las que yo estoy más satisfecho. Y algunas de ellas quizá las tomé sin darme cuenta, pero hay que ser consecuente y entonces, después es una especie de not looking back. Cuando yo tiré el chiste McOndo, seguramente si lo hubiera pensado bien y consultado con mi agente, probablemente me hubiera dicho que no lo haga, que me iba meter en un problema, nunca voy a tener un blurb de García Márquez, por ejemplo. Algo que ayuda, evidentemente. Lo mismo con Isabel Allende, ella podría haberme ayudado a entrar a Estados Unidos, me hubiera podido llevar a Oprah, por ejemplo, y nadie sabe dónde estaría yo entonces. Entonces con España yo siempre tuve una relación rara, porque con la moral americana que yo tengo, siempre la vi como la Madre Patria, y por tanto tenía que ser como el enemigo, uno no podía tener buenas lazos con un país que nos invadió. Esto viene porque en Chile uno siempre está rodeado de gente muy anti Estados Unidos, que los atacan porque es el país imperialista y colonialista. Y yo he dicho siempre, bueno, pero hubo un país peor, al menos los gringos han matado algunos en los sótanos de sus embajadas, los españoles mataron muchos más. Además, realmente, la cultura yanqui ha sido aceptada, no ha sido impuesta a la fuerza. Mientras que el idioma español y la iglesia católica fueron impuestos con balas. Esto es un poco como mi lado histórico y antiguo, pero me parece que es bueno recordarlo. Después viene el tema, la idea esta de muchos escritores latinoamericanos que se van a Barcelona y con eso ya creen que son mejores. Eso siempre me dio mucha rabia y me hizo decir: Yo no, yo no me voy a ir para creer que soy mejor que el resto. Este un poco mi lado rebelde. Además creo que al irse uno pierde algo, aunque seguramente gana también. Y bueno, también está la cosa de que mucha gente que yo despreciaba, gente que a mí me caía particularmente mal, se vino a Barcelona y yo pensaba I don't wanna be with them. Si no me junto con ellos en Latinoamérica porque me iba a tener que juntar con ellos allá. Y leí muchas declaraciones del estilo: "Me voy porque este valle me quedó chico", gente que hacía como despedidas públicas, como si fuera alguien. Y muchas tonterías así, por eso un poco mi juego. Y la idea esa de que hay que venir a España porque es el lugar donde puedes tener contacto y lograr publicar. Y yo creo que he demostrado que puedo publicar en España sin tener que irme.

¿Y ahora, ha cambiado su percepción?
Sí, ha cambiado mi percepción de España pero creo que también ha cambiado España. Está mucho más latinoamericana, mucho más americana también. Lo de los Starbucks por todas partes da risa. Creo que mi mensaje se está leyendo como se me leyó cuando empecé a interesar en Estados Unidos, por motivos distintos. Creo que aquí, en la prensa, en el mundo editorial, en los lectores, en la televisión, en el cine, hay ahora más gente con referencias parecidas a las mías, gente más parecida, más cercana a mi estética, a mi forma de ver el mundo.
Diego Salazar


