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FINO

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2 Octubre 2006

Debate: “Democracia, poder y medios de comunicación”


Si no estuvo en la Feria del Libro en el LATU y se lo perdió, le damos ahora la oportunidad de leerlo. Las opiniones de Ricardo Piñeyrúa, Pedro Cribari, Leonardo Haberkorn, Gabriel Pereyra y Daniel Castro son distintas, polémicas, y marcaron apenas el inicio de esta discusión que es un debe de nuestra sociedad. Por eso en Voces organizamos el debate: “Democracia, Poder y Medios de Comunicación” que contó con el auspicio de SUAT Emergencia Médica. La actividad duró sólo una hora y media y nos quedamos con ganas de más. Por eso el próximo miércoles 4 realizamos la segunda mesa con otros cinco periodistas de diversos medios. Nos vemos en la Feria a las ocho de la noche. Esta es la síntesis de la mesa redonda que publicó Voces en la pasada edición

Prof. Ricardo Piñeyrúa:
UN PODER QUE DEBERÍA SER REGULADO

El tema propuesto es casi inabordable por su amplitud. Cada uno de los temas que lo componen es, en sí mismo difícil de abordar. Yo diría lo siguiente: la democracia, por lo menos en el concepto que más manejamos, el que nos enseñaron, sería el gobierno de las mayorías, con la contrapartida del respeto por las minorías. O también, aquella sociedad en que la búsqueda de la libertad y la independencia del hombre es uno de sus objetivos.

Yo creo que, más allá de precisiones ideológicas, todos queremos una sociedad perfectamente democrática que, como tal, es inalcanzable. Por suerte, porque ello implica la obligación de trabajar y luchar permanentemente para tratar de conseguirla.

¿Cuáles son los elementos que a mí se me ocurre que se oponen a la concreción de los ideales democráticos? Ante todo el poder excesivo. El poder de los gobiernos, el poder económico y, a partir de la globalización que estamos viviendo, la segmentación del mundo entre los que se mueven y los que estamos quietos. Los que transfieren el capital en instantes, que recorren el mundo en primera clase y los que seguimos en nuestro pequeño país, atados a nuestras convicciones nacionales, que parecerían no tener futuro, mientras exista una planta de celulosa que decida irse y nosotros nos quedemos sin trabajo.

A pesar de la realidad tan difícil de la inserción en ese mundo globalizado, igual aspiramos a tener una sociedad democrática que pueda limitar los poderes dominantes. Poderes económicos, poderes políticos, poderes de grupos de presión, de corporaciones, y no solamente de corporaciones económicas sino también corporaciones de ideas, corporaciones empresariales, corporaciones sindicales. En todas ellas, lo que está en juego es el poder, que es el principal enemigo de la democracia. Que la democracia que no controla el poder de los actores que participan en ella tiende necesariamente a ser desequilibrada. Eso lleva a que no se respete su idea básica de atender a las minorías respetando a las mayorías, como forma de propender a alcanzar sus finalidades de conseguir la libertad y la felicidad del hombre. Y en esto están metidos los medios de comunicación, que pueden ser asociados perfectamente a los sectores de poder.

Son hoy -y desde hace mucho tiempo- parte del poder que influye en la concreción de la sociedad democrática. Más allá de la calidad de los periodistas, o de la calidad de los programas que los periodistas o comunicadores desarrollan, los medios tienen una gran influencia en el comportamiento de la sociedad y por lo tanto en la construcción de la democracia.

Es un poder que debería ser regulado por la sociedad, en particular por el sistema democrático. Para que no haya monopolios, para que no haya acumulación de medios de comunicación, no importa si son de izquierda o de derecha, siguen siendo monopolios, acumulación de medios de comunicación. Este es un país en que a la mayoría de la población le resulta muy caro comprar diarios, y es muy difícil pensar en la construcción de una sociedad democrática donde la mayoría de la gente no lee diarios, ni semanarios, ni libros. Pienso que, si se quiere construir una sociedad democrática, hay que limitar la acumulación de poderes, el abuso de poder, y los medios de comunicación están dentro de esa categoría. Habría que regular la forma en que se desenvuelven los medios de comunicación, para lograr la mayor pluralidad posible en su tenencia, para que todas las corrientes de opinión puedan expresarse.

No se puede generalizar, pero una gran parte de los medios de comunicación contribuyen cada vez menos al desarrollo de la sociedad democrática porque tienen que resolver su propia subsistencia. Cada vez tienen mayores dificultades para subsistir los medios independientes, porque en definitiva los medios viven de la publicidad que venden, y sabemos que en este país durante muchos años la publicidad se manejó con un criterio político. Sabemos, por ejemplo, que Colonia es un gran departamento, pero que haya recibido el 20% de la publicidad del Banco Hipotecario es algo muy difícil de explicar. La mayor parte de los ingresos que se obtienen por la venta de periódicos queda en manos de los intermediarios.

Debería haber una forma de asegurar que aquellas personas, grupos de personas o medios de comunicación que quieran trasmitir valores y hacer su aporte desde distintos puntos de vista, tuvieran la posibilidad de llegar al conjunto de la población.

Porque actualmente resulta muy difícil en Uruguay iniciar un emprendimiento periodístico por fuera de los tres canales privados, los tres o cuatro diarios de circulación nacional y unas pocas radios que tienen muchos años.
Las dependencias que se van generando de la publicidad, del avisador, del partido que me apoya, etc., es tan grande, que me resulta más creíble un diario partidario que un periódico independiente. Por lo menos cuando leo un diario partidario sé quién me está hablando.

Pero cuando leo un medio no partidario no lo sé. No sé qué intereses se mueven detrás de su prédica y qué es lo que está buscando. Lo mismo que a mi me pasa le pasa al conjunto de la sociedad, que empieza a descreer de la información que recibe y en consecuencia, en la sociedad democrática.

Sin medios de comunicación independientes, se hace muy difícil construir una sociedad democrática, donde no existan los monopolios y la acumulación de medios que respondan a intereses que pueden ser económicos, políticos o corporativos.

Pedro Cribari:
LOS PRÉSTAMOS A LA PRENSA ERAN “NO REINTEGRABLES”

Yo voy a hacer un abordaje histórico del tema, porque si no entendemos de dónde venimos, tampoco vamos a entender dónde estamos parados ni hacia dónde es conveniente que la sociedad camine. Podría decirse que históricamente las relaciones entre el poder y los medios de comunicación han sido groseramente carnales.

Esto ya ocurría en la época de la prensa casi exclusivamente partidaria, que tuvo su auge a mediados del siglo pasado, donde había dos diarios vespertinos y ambos eran netamente partidarios: “Acción” y “El Plata”. Era una época, además, en que el mercado de la prensa escrita era mucho mayor de lo que es hoy en día, porque, en general, las familias recibían dos periódicos, uno por la mañana y otro por la tarde, incluso familias modestas.

Ya aquella prensa partidaria -y estoy de acuerdo con Ricardo en cuanto al valor de la prensa partidaria- dependía excesivamente, en lo económico, de los préstamos “a sola firma” que se conseguían en la banca oficial, y que se pagaban o no se pagaban.

Más bien no se pagaban. Es algo que lo viví personalmente porque cuando en 1987, con Jorge Pasculli, gestionamos un préstamo para sacar un diario. El Cr. Damiani, entonces director del BROU y ahora presidente de Peñarol, nos recomendó que no presentáramos garantías, porque en la banca oficial ya estaba asumido que los préstamos a la prensa eran “no reintegrables”. “Cuenten con mi voto -nos dijo- aunque seguramente será uno en cinco, porque detrás de ustedes no hay nadie”.

Efectivamente así sucedió, perdimos por 4 a 1, no obtuvimos el préstamo, y nuestra aventura duró 45 días.

La izquierda vive reclamando a los Estados Unidos -que en esto nos da un ejemplo a nosotros, países del tercer mundo- que desclasifique documentos, para conocer en qué grado sus servicios -CIA, FBI- estuvieron comprometidos con las dictaduras de los 70. EEUU desclasifica algunos, otros no. Pero yo querría que algún día se desclasifiquen los documentos del Banco República, de las sucesivas entregas de enormes masas de dinero prestados por el Estado y no devueltas por grandes empresas financieras, industriales, agropecuarias, periodísticas.

¿Por qué no se habla de eso?
Porque hablar de relaciones de poder, democracia y medios es también hablar de eso. Yo quiero saber cuánto deben los tres o cuatro diarios que andan en la vuelta. En 1982 quebró la tablita, y fueron millones de dólares a pérdidas, se fundió el Banco Comercial, y fue todo a pérdidas. ¿Cuáles eran esas cuentas pasadas a pérdidas? ¿Por qué no podemos saber cuáles eran esas cuentas? Ahora están insistiendo en el tema de los contumaces del sistema agropecuario, pero yo quisiera hacer historia en esto, para aclarar, para transparentar conductas, compromisos e idas y vueltas entre el poder y la prensa. Yo tuve la suerte de agarrar el último minuto del Uruguay del bienestar. Desde que tenía trece años, que comenzaron a interesarme la política y la prensa, el Uruguay ha venido metódicamente cayendo. Yo concurría a actos políticos, trataba de leer periódicos para comprender lo que estaba pasando. Empecé a leer “Hechos”, un excelente periódico, con brillantes periodistas, que respondía a Zelmar Michelini. Pero “Hechos” solamente duró tres meses ¿por qué?, porque no era de la “crema”, no integraba el sistema mediático que sostenía al “establishment”.

¿Y qué es el establishment? ¿Son los poderes tradicionales de una república democrática? ¿Es la sumatoria del Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial? Sí, pero no es solo eso.

Son además las corporaciones que señalaba Piñeyrúa en su exposición. No las voy a nombrar a todas, pero son, por ejemplo la Asociación de Bancos.

Piensen ustedes el poder que tenía la Asociación de Bancos en la década del 90, o el poder que tiene la Asociación Rural desde su creación. También tuvo poder la Convención Nacional de Trabajadores y posteriormente el PIT-CNT, que no deja de ser, a su manera, una corporación. Pero existen otros poderes; piensen ustedes en la Iglesia Católica, la Masonería, el Opus Dei. No podemos desconocerlos. ¿Cómo desconocer que en el Uruguay se montó todo un sistema de clientelismo y amiguismo? Como dijo el fiscal anticorrupción argentino Moreno Ocampo, que ahora tiene un cargo en la Corte Penal Internacional: “Ustedes no tienen corrupción a la manera argentina, ustedes tienen clientelismo y amiguismo, que es jodido, pero no es lo mismo”. Ese clientelismo y amiguismo fue horadando el Uruguay, acentuando las diferencias en cuanto a la distribución de la riqueza, profundizando las brechas sociales, y hoy tenemos una situación en que la mitad de los uruguayos está en una situación de exclusión social. Hay una raya, los que están de un lado están salvados y los que están del otro están condenados, y no sabemos por cuántas generaciones están condenados.

Y no olvidar que acá hubo una dictadura, porque eso importa a la hora de analizar qué prensa tenemos. Porque acá hubo civiles y militares. Civiles que desde Casa de Gobierno, desde la terrible Dirección Nacional de las Relaciones Públicas (DINARP) de la dictadura, barrieron en seis meses con toda la prensa que podía hacer sombra a los militares en el poder y a los civiles genuflexos que le hacían el juego al Consejo de Estado. Desde la “presidencia”, de Bordaberry, fueron civiles los que hicieron la tarea destructora de la prensa opositora. Entonces ¿de qué prensa estamos hablando? No podemos empezar a analizar la democracia, el poder y la prensa el primero de enero del 2006, no tenemos más remedio que ver esos antecedentes. ¿Cómo un hombre que pretende ser el adalid de la libertad de prensa en toda América Latina, era el jefe de la DINARP en aquella época? Señores, sin contexto histórico, muy poco podemos avanzar en construir una sociedad democrática en la que la prensa cumpla su rol, y las ondas no se regalen de acuerdo a simpatías políticas, acuerdos venales, económicos, políticos o los que sean, sino de acuerdo a méritos.

Leonardo Haberkorn:
VIVIMOS EN UNA CULTURA DEL SECRETO.

Yo también me vi en el dilema de cómo encarar este tema tan amplio. Opté por un enfoque un poco didáctico, porque cuando uno oye o lee los medios de comunicación, parece que hay algunas cosas que no se toman en cuenta. Alguien dijo que los periodistas somos gente que le cuenta a la gente lo que le pasa a la gente. Nuestro trabajo es hacer que todos ustedes, que están trabajando muy ocupados en oficinas, tambos, fábricas, y no pueden estar pendientes de lo que ocurre en el Parlamento, en la política, en el fútbol, estén enterados. Porque una de las premisas fundamentales de la democracia es la información.

Aquí tenemos ya el primer punto de la importancia del periodismo para el funcionamiento de la democracia. De hecho no puede haber democracia verdadera si no funciona bien el periodismo. Porque la encargada del control del poder es la ciudadanía, y no puede ejercer ese control si no está bien informada. Es imposible controlar algo que se desconoce. ¿Cómo está parado el periodismo uruguayo frente a ese desafío que es fundamental para que la democracia funcione? Según mi punto de vista está muy mal parado.

En la mayor parte del mundo esta es una tarea muy importante y nada sencilla, pero en Uruguay se torna aún mucho más compleja, porque acá todo es secreto, vivimos en una cultura del secreto. Acá es secreto lo grande, como los préstamos que otorga el Banco República o el origen de los fondos que financian las campañas de los partidos políticos, pero también es secreto lo chico, hasta los horarios de los ómnibus son secretos.

Ahora resulta además que los maestros tienen prohibido hablar con la prensa, como también los profesores, policías, los jueces de fútbol. Pero además los sumarios son secretos, los procesos judiciales son secretos. Pero, ¿cómo estamos pertrechados los periodistas para asumir este desafío? Yo creo que los periodistas no estamos logrando dar lo que se merecería una democracia que funcionara bien. ¿Por qué no lo estamos logrando?, por muchos motivos.

Algunos son históricos como decía Cribari. También hay motivos legales, porque, por ejemplo, en este país no existe una ley de “habeas data” que sería una cosa fundamental y sí existe en muchos países, que implica la obligación de toda oficina pública a proporcionar la información que cualquier ciudadano solicite. Esta ley no solamente existe en países desarrollados.

Hace poco leí que hace un par de años, en Tailandia, donde existe una ley de habeas data, una mujer indignada porque no asignaron a su hija la escuela que le correspondía de acuerdo a su capacidad, hizo caer toda la dirección del sistema educativo.

Exigió la entrega de las actas de distribución de escolares y pudo demostrar que no se cumplía la ley de que las asignaciones de colegios se debían realizar por la capacidad de los estudiantes, sino que se hacían según el poder político o económico de las familias de los estudiantes, coimas, etc.

En Uruguay esto sería imposible, porque no existe esa ley y, cuando vamos a una oficina pública cualquier funcionario de quinto orden se sienta arriba del expediente y nos niega el acceso. Esto ocurre tanto en el Zoológico, en la junta de Cerro Chato o en cualquier otra oficina pública.

La segunda dificultad es que para pelear con esa realidad, los equipos periodísticos son muy reducidos en el Uruguay.

No existen equipos suficientemente fuertes para la pelea con la cultura del secreto, para investigar a fondo. Esto se agravó mucho después de la crisis del 2002, cuando los equipos se redujeron. El público no es consciente de eso. Cuando ve una actividad periodística ve que son tres, pero no sabe que de esos tres, uno tiene una actividad de 8 horas antes, el otro sale corriendo de allí para ir a una radio, el otro va a escribir una columna en un periódico.

Esos periodistas no pueden investigar nada, solamente pueden dedicarse a repetir. Los empresarios no se preocupan por esto, no les interesa. Lo que quieren es alguien que les llene las páginas, no les importa que el periodismo no cumpla el rol que le corresponde en la sociedad. Hay una gran dependencia del estado, lo cual también coarta mucho la capacidad de informar. Esto bajó un poco al disminuir sensiblemente el volumen de la publicidad oficial, pero sigue siendo un elemento de mucho peso. Otro gran problema es el peso que tiene la publicidad para el financiamiento de la actividad periodística. En un país como Uruguay, donde son muy pocos los que pueden comprar un periódico todos los días, la publicidad pasa a ser el elemento económico clave. Entonces tenemos que unas pocas grandes empresas manejan porcentajes importantísimos de la publicidad en los medios. Evidentemente que contra esas empresas no se van a tirar, porque dependen de ellas. En el interior la prensa depende de la publicidad de la intendencia. Es un panorama bastante desolador.

Hay un último elemento que quisiera destacar: en general quien lleva adelante la actividad informativa es la prensa escrita. Si uno entra a la redacción de un periódico importante, ve unas cien personas trabajando, otro más chico, tendrá veinte. En cambio uno entra a una radio periodística y hay tres personas… leyendo los diarios.

El empresario que invierte contratando periodistas, para tratar de desafiar todo ese sistema que referí antes, es objeto cada mañana de que se le roben las noticias a través de la radio. La gente oye las noticias por la radio y no compra los periódicos que las produjeron, con lo que se termina de cerrar este círculo de información pobre, de repeticiones. El Uruguay no tiene conciencia de que acá tiene un problema grande, quizás hay otros problemas más grandes, pero este es importante, porque una democracia sin información no es democracia.

Gabriel Pereyra:
LOS MEDIOS NO SON EL PODER

Es poco lo que tengo para decir. Anoche llamé a Alfredo y en términos mucho más groseros de los que voy a emplear ahora, le recriminé el titular de esta mesa: “Democracia, poder y medios de comunicación”. Le dije que me parecía lógico que ese título se le haya ocurrido a un medio izquierdista. Entre otras cosas se lo dije porque a mí me gusta pelearme con la izquierda porque es mucho más entretenido. Uno critica a los blancos y los colorados y no pasa nada, pero critica a la izquierda y se produce una especie de ebullición de lo más interesante. En realidad, plantear ese tema de modo tan amplio sería también digno de cualquier político de cualquier sector, porque a los políticos les encanta poner a los medios en clave de poder, porque los equipara, es una manera de vincularlos incluso y sobre todo en las cosas malas. Eso les interesa a los políticos: que los medios sean vistos como poderosos, como parte del poder, como integrantes de una trenza histórica que tiene más cosas malas que buenas. De hecho, algo de eso ocurrió cuando el presidente planteó en la campaña anterior “perdí las elecciones por culpa de la televisión”. Sin embargo luego, cuando ganó las últimas elecciones no dijo que ganó las elecciones gracias a la televisión. Está bien que no lo haya dicho, porque no es verdad ni que hubiera perdido por culpa de la televisión, ni que luego las haya ganado.

Pero cuando el presidente enfrenta una oposición tan débil, le sirve decir que, en realidad, la oposición está dentro de los medios de comunicación. Yo creo que la izquierda ha tenido dificultades para adaptar su discurso sobre los medios de comunicación a la realidad actual. La izquierda sigue viendo a los medios como una especie de “cuco” todopoderoso, que le puede generar problemas, cuando la realidad de los medios ha cambiado mucho y están muy lejos de poder ser un cuco. Cuando me hablan de “poder” yo digo ¿me están hablando de la relación de los medios con el poder o diciendo que los medios son poderosos? De qué poder estamos hablando cuando los diarios están pensando hoy en su propia subsistencia, en la inminencia de desaparecer si no hacen una movida correcta. De qué poder estamos hablando cuando ha surgido la Internet y los medios escritos no han sabido responder a ese futuro que se nos viene y no está para nada claro. ¿Va a haber un futuro para los diarios?

¿Con la Internet? ¿Más allá de la Internet? ¿El futuro solamente será para los diarios de Internet? Cuando yo escucho a algunos popes de la prensa, con muchas más medallas que yo, decir: “siempre va a haber prensa, siempre va a haber diarios”, me parece una enorme arrogancia, y una enorme irresponsabilidad, porque es ignorar lo que han hecho las nuevas tecnologías en algunas industrias.

Yo creo que existe el riesgo de que la prensa desaparezca y que por ahí pasa la reflexión sobre los medios de comunicación, y no aquello de si son poder o no son poder. Primero resolvamos estas cuestiones, en un análisis mucho más pragmático que teorizar sobre si somos poder o no somos poder, y en función de eso, comprendamos si podremos seguir aportando a la democracia, si podremos tener una relación cada vez más distante con el poder y no tan carnal como la que planteaba Pedro que hubo anteriormente. Hace unos días lo hablabamos con unos colegas y es un asunto que trasciende la realidad local, los humanos leen como nunca antes en la historia, y también los periódicos están mejor escritos que nunca.

Yo les invito a que vayan a la Biblioteca Nacional y lean lo que eran los periódicos unos decenios atrás, eran realmente ilegibles. También el diseño es ahora muy superior, aplican sistemas de marketing como nunca antes, una impresión como nunca, la gente lee como nunca, y sin embargo cada vez vendemos menos. Esa es una encrucijada histórica que no sabemos muy bien cómo la vamos a resolver.

Entonces, cuando se plantea un debate tan amplio y teórico sobre el poder y si somos poder, yo me pregunto ¿de qué poder me hablan? De qué poder me hablan si los periodistas, mal pagos, mal formados, tienen que salir de un trabajo fuera de los medios de comunicación, donde cumplen 8 horas, para ir luego a la redacción de un diario. De qué poder de los empresarios periodísticos me hablan, cuando los intermediarios se llevaban el 50% del precio de tapa, y aun hoy están en el entorno del 40%. Y debemos tener en cuenta que la prensa escrita tiene un papel central en la democracia, porque la TV funciona con otros códigos. Los medios no son el poder, los medios no mandan presa a la gente, no toman decisiones de gobierno.

Yo no estoy diciendo que los medios no tienen poder, tienen una cuota de poder, y en la medida en que la pierdan, en que puedan comunicar menos, la democracia va a ser más débil, la comunidad va a ser más débil. Ese es el verdadero dilema que enfrentan hoy los medios.

Daniel Castro:
FOMENTAR LA COLEGIACIÓN.

Para comenzar, enfocaré el tema desde el punto de vista de un comunicador del interior que llega a Montevideo para seguir ejerciendo su profesión, ya que yo soy de Tacuarembó.

Como informativista del canal 5, me tocó cubrir una gira del presidente Lacalle al interior.

Entonces hice lo que veía en las películas: abordé al presidente.

La cara de quien era el encargado de la SEPREDI en aquel momento fue todo un poema.

Un muchacho recién llegado del interior, periodista del canal oficial, encarando al presidente sin previo aviso. Cuando terminé, con gran discreción me llamó aparte y me explicó que esas no eran las reglas del juego. Quedé tan abochornado con el episodio, que decidí en un primer momento no mandar esa entrevista al informativo. Luego recapacité y decidí que si en Tacuarembó, en un canal de mucho menor importancia que el canal oficial, lo hacía con razonable tranquilidad, no veía razones para no hacerlo ahora. Envié la nota, explicando las circunstancias en que había sido conseguida, pero no fue puesta al aire por los responsables del informativo. Ese fue mi primer contacto con la autocensura, la tendencia a ser “más papista que el papa”.

Es evidente que hay hechos que tienen mucha más importancia que el posible enojo del avisador y hay que informarlos. Si cae una pared y aplasta 5 o 6 autos, hay que comunicarlo. Si el que está a cargo del informativo llama al dueño del canal para preguntarle si lo informa al aire, estamos frente a un problema muy serio. Ni que hablar de si el derrumbe de la Ciudad Vieja hubiera sido en un banco, todavía estaríamos consultando si lo publicábamos o no.

Ese es un círculo lamentable con el que tenemos que lidiar casi a diario los trabajadores de los medios. Parece que el gobierno está revisando las pautas publicitarias. Bienvenida sea esta revisión, siempre que no se transforme en un medio de presión o de ganarse simpatías.

Otro tema que ya fue mencionado por quienes me precedieron es el de la precariedad de la formación profesional de los periodistas, tal vez sería el momento de fomentar la colegiación, de la que tanto se habla, como forma de conseguir una mayor formación. Ustedes saben que un periodista endeble, mal informado, sin vocación ni estudio y todavía, a veces, arrogante, es luego usado para atacar al periodismo. Y no estoy de acuerdo con el sonsonete que no se puede hablar de la dictadura si no se la vivió. Si un periodista se preocupa, se informa, investiga, estudia, está perfectamente capacitado para hablar de la dictadura, aunque no la haya vivido.

Otro tema es que hay periodistas que trabajan 12, 14 y hasta 16 horas, llegan a las 6 de la mañana y no les permiten, por la dinámica, leer el diario. Salen a la calle con lo que pueden haber escuchado el día anterior, con lo que han recogido en alguna charla con un colega mientras esperan las declaraciones de un funcionario, pero muchas veces un periodista sale a la calle sin estar él bien informado. ¿Qué puede él informar? Está aquello del olfato periodístico pero, cuando se sale a la intemperie tan desabrigado, lo más probable es que se pesque un resfrío y se quede sin olfato.

El presidente se enojó con los medios, vaya novedad, no conozco ningún presidente que en ningún momento se haya enojado con los medios. En definitiva, a lo único que pueden apuntar sus expresiones es a aumentar la autocensura.

¿Por qué lo dijo? Yo tengo la modesta percepción de que todos, por encima de las dignidades alcanzadas, somos humanos y, muchas veces, sentimos la necesidad de ejercer alguna venganza. A él lo destrataron mucho los grandes medios, por lo que si se toma una pequeña venganza está bien, lo que no fue correcto fue la generalización que hizo. El presidente opta por ir a los medios que considera sus amigos, elige cuidadosamente a quién conceder entrevistas. Entiendo que está en todo su derecho, pero es inevitable que esto irrite a quienes son dejados de lado. Creemos, además, que sería bueno que el presidente conozca las preguntas que tenemos para hacerle aquellos a quienes no concede entrevistas.

Sobre las preguntas a hacer, afortunadamente hoy es cada vez mayor la incidencia de la gente. Hoy hay muchos espacios, especialmente radiales, que se nutren de las constantes preguntas de la gente, lo que es muy positivo. Habla de la democratización de los medios, del interés de la gente en participar.

Después está lo de Internet, que a mí no me deja de sorprender. Cuando una grandísima cadena internacional quiere dar su versión de la guerra, están los que a través de los blogs dicen “no, lo que está pasando es exactamente esto otro” y dan información documentada, con imágenes, etc. Hay una interpelación a los medios, de la que todavía no hemos tomado total conciencia, que creo va a ser muy saludable.

Quiero finalmente referirme a la forma superficial con que tratan los medios de Montevideo al interior de nuestro país. Esa forma de marginar permanentemente al interior no es democrática. Nuestro país está compuesto por 19 departamentos, no todo es Montevideo. Sin embargo, la información que brindan los medios sobre el interior, es del tipo de que “en Cerro Largo todos tienen tal inclinación sexual”, “en Rivera son todos chorros”, “en Maldonado son todos ricos”.

Esas generalizaciones absurdas y groseras a mí me lastiman.

Creo que no hay una verdadera atención de los medios al interior, donde hay y pasan cosas maravillosas. Esto último fue una especie de “chivo” de alguien de allá.

Preguntados sobre la percepción de cambios con respecto a la prensa con este gobierno y la distribución de las pautas publicitarias, las respuestas fueron:

Gabriel Pereyra:
En la sociedad cada uno debe asumir el papel que le corresponde. Y si bien es cierto que esta mal presionar a los medios, hay gente cuyo papel es presionar. Si yo fuera secretario de prensa de un dirigente político y hay una información que lo perjudica, mi papel sería llamar por teléfono al periodista y masticarle los talones para que no la divulgue. Ese sería mi papel y para eso me pagarían, como el papel del periodista es resistir esa presión y dar la información que tiene que dar. Y digo esto porque es verdad que otros gobiernos han presionado mucho, pero también lo es que los medios han tratado de tapar su mediocridad con ese argumento. Para mí no ha cambiado mucho. Antes llamaban por teléfono, ahora sale Tabaré Vázquez y lo dice personalmente. No noto un gran cambio hasta ahora, pero no me parece relevante eso si cada medio hace lo que tiene que hacer.

Ricardo Piñeyrúa:
Para mí no ha habido cambios, y eso me preocupa. Debe de haber una política de Estado que tienda a asegurar que la población acceda a los medios de comunicación de mejor manera. En los horarios centrales de la televisión uruguaya sigue sin dársele cabida a los programas nacionales. Y sigue existiendo un monopolio por parte de una empresa sobre un patrimonio cultural como es el fútbol, que sigue definiendo la forma de organización de los campeonatos, los horarios en que se juega y hasta quiénes juegan. No ha cambiado nada, todos los males que vivía la prensa –no para los periodistas o para los medios, sino para la sociedad- siguen igual.

Leonardo Haberkorn:
La cultura del secreto sigue tan vigente como siempre, pero esto no lo va a cambiar un gobierno, lo tendrá que cambiar la ciudadanía. Sobre cuál gobierno presiona más es difícil opinar porque los periodistas vamos cambiando mucho de trabajo. Y si a uno le toca un gobierno trabajando en una revista de cocina, de turismo o de esas que se reparten los aviones, está menos expuesto a las presiones. En cambio si en otro gobierno está trabajando en una revista política va a tener más presiones. Es una cosa común que los periodistas digan que si hay que buscar una cosa buena que haya tenido el gobierno de Batlle, después de exprimirse la cabeza, digan que no llamaban a los periodistas para presionar. En mi caso me llamaron horrible, me quisieron hacer cerrar la publicación en la que trabajaba, me quisieron hacer echar periodistas, hicieron publicar una carta de un ministro diciendo que lo que había publicado era mentira cuando era todo verdad. Hicieron tanta presión que mi propio medio me impidió responderle al ministro sus mentiras. No quiero opinar demasiado de esto porque en un análisis macro creo que todo sigue igual.

Daniel Castro:
No veo demasiadas señales de cambio. Lo que sí me parece, es que fue tan horrible lo que se hizo antes que ahora se tratará de no caer en eso. Por ejemplo he advertido que se trata de profesionalizar la tarea de la distribución de la publicidad. Ahora, a diferencia de hace unos años, hay herramientas incontrastables que permiten medir perfectamente el tiraje o el rating de los medios.

Pedro Cribari:
Seguimos en la cultura del secreto pero estamos un poquito mejor. Lo primero que me viene a la memoria son el Ministerio Público y el Poder Judicial, que salvo en los casos de presumario, están hablando más. Estamos accediendo más a la opinión de los fiscales, y especialmente de los jueces. La cultura del secreto está arraigada en el Uruguay; se va a aprobar una ley de habeas data, y va a seguir, porque la ley de por sí no garantiza nada. No es casual que los primeros lavadores de dinero del narcotráfico hayan sido procesados ahora, cuando hay ley hace tiempo. Sobre el gobierno y los medios digo que los políticos de cualquier signo ideológico quieren siempre información funcional. Lo mismo los banqueros, los empresarios metalúrgicos, los inversores de Botnia o sus trabajadores, todos quieren información funcional a sus necesidades, estrategias o políticas, y quedan contentos cuando la noticia es buena y disgustados cuando los perjudica.

Ricardo Piñeyrúa:
Yo no estoy de acuerdo con que la publicidad del Estado se distribuya de acuerdo al rating, Sería muy malo para los medios independientes, los especializados y los pequeños medios. No sé cómo debería hacerse. Debería existir una fórmula que respondiera al interés de vender de determinados entes, pero también al interés de la sociedad. Porque muchas veces el rating no necesariamente acompaña a la información.

Gabriel Pereyra:
Si hay algo que ha contribuido a la independencia de los medios ha sido el recorte de la publicidad estatal. ¿Por qué debe haber empresas periodísticas que subsistan con el dinero de todos? ¿Por qué no le damos plata a las metalúrgicas pequeñas o a cualquier pequeña empresa? Aflojemos con chuparle siempre al Estado.

Daniel Castro:
Si bien no me siento capaz de abordar el tema de la publicidad, creo que un criterio racional de distribución es apelar a los medios que llegan más, buscando que el mensaje llegue a la mayor cantidad de gente posible. Sin desconocer que hay publicaciones especializadas que tienen que lidiar con esa poca participación en la torta, tampoco quiero que se subsidien publicaciones porque sean de amigos de algún jerarca de gobierno.

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Me llamo Antonio Ladra, soy uruguayo, naci el 26 de junio de 1956 en Montevideo. Soy periodista. Este lugar se llama Fino en homenaje al lugar donde se creó: un restaurante de comida italiana atendido por un iraní, Giorgo, en Washington DC en Georgetown, sobre la M st. Page copy protected against web site content infringement by Copyscape
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