Sin duda que el episodio de la polémica pública en la televisión entre Pedro Bordaberry y el senador Rafael Michelini conmovió a la opinión pública y lo seguirá haciendo por algunos días más. No es común en este país ver frente a frente al hijo del dictador (Bordaberry) y al hijo del político asesinado (Michelini). No me sumo al coro de quienes señalan que esto fue una operación política con la complicidad de los periodistas del programa Zona Urbana. Pedro Bordaberry se acercó al Canal 10, a la producción del programa y ofreció dos grabaciones clandestinas,al propio Michelini y al secretario de la presidencia Gonzalo Fernández, de las muchas que hizo (eso se sabría durante en la propia polémica) donde, donde desde su óptica había elementos que podían salvar a su padre de la responsabilidad de los asesinatos en Buenos Aires de Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. Los periodistas de Zona Urbana tomaron los elementos que aportó Bordaberry y legítimamente prepararon el programa. Ignacio Alvarez no es un santo de mi devoción, no comparto para nada el tipo de periodismo que hace, es más creo que no es un buen periodista; es ante todo un buen showman, pero debo reconocer que estuvo bien en lo que tiene ver con la primera parte del programa; cuando preguntó lo hizo bien, fue incisivo y no se calló nada.
En todo caso ayudó, y mucho, para entender que ya no estamos ante el mismo Bordaberry ministro de Turismo sino otro, duro, agresivo y sin escrúpulos.
En el plano argumental llegó sostener la increíble tesis de que su padre no había atentado contra la Constitución y que no fue un actor central del proceso sino sólo un hombre arrastrado por las circunstancias de un país convulsionado y que por su fe en Dios aceptó el cargo para, además, cerrarle el paso a un militar que podría haber hecho desaparecer a miles de uruguayos como en Argentina. Estas afirmaciones ponen en tela de juicio las convicciones democráticas de Bordaberry hijo, pues los hechos no admiten dos interpretaciones. Su padre dio un golpe de Estado el 27 de junio de 1973 inaugurando una técnica usada luego por Fujimori en Perú, esto es, un autogolpe con disolución de las cámaras.
Tras el debate, Pedro Bordaberry se plantó, sin dudas, como el líder de la derecha más dura de este país que es menos que la gente que lo votó en las elecciones municipales cuando fue candidato para Montevideo.
De todo modos, desbrozando el tema, cuando aun siguen los ecos del debate debo decir que me dio pena, me sentí triste porque quedó demostrado que en el Uruguay estamos como trabados en este pasado que no podemos resolver y lo que es peor de todo, que no nos deja avanzar. Es cierto, y lo creo así, no podemos construir un país sobre la base de la mentira y sin saber la verdad, pero esa escena de Bordaberry y Michelini gritándose en cámara, si bien le dio réditos a Zona Urbana, marcó 20 puntos de rating, no es una buena imagen para la sociedad. Han pasado 30 años y recién ahora, desde que asumió el gobierno de Tabaré Vázquez, se ha dado la posibilidad de investigar y de que actúe la justicia como no ocurrió en el pasado, y bajo la legalidad, mal que le pese algunos. Por primera vez en la historia se encarcelaron a represores y pueden ir tras las rejas los mayores responsables de la dictadura: Juan María Bordaberry y Gregorio Alvarez.
Entiendo, aunque no comparto para nada y que quede claro, la actitud de Bordaberry en tratar de salvar a su padre de la responsabilidad de los delitos de lesa humanidad que se cometieron durante su mandato. Los métodos usados por Bordaberry (grabar a escondidas) son aquellos de que el fin justifica los medios. No es ilegal, pero es inmoral. Pero para ser justos, similares métodos fueron usados desde el lado de los familiares de las víctimas, cuando durante un tiempo largo se acosó a una familia del Paso Molino y a un chico, Gerardo Vázquez, porque se creía que él era Simón Riquelo. Víctimas y victimarios. ¿El fin justifica los medios sólo cuando es un lado?
El debate sobre los derechos humanos no es sólo cosa del pasado, es también del presente, porque el dolor de los familiares se siente cada día, en cada hora, en cada minuto, y mueren madres y abuelas sin saber que pasó con sus familiares. Pero también es cierto que hay que mirar para adelante, porque van naciendo otros hijos y otros nietos y hay que educarlos sobre la base de la tolerancia y el respeto, eso que se perdió cuando los amotinados se hicieron del poder y pisotearon las instituciones y nos hicieron vivir los años más negros de la historia del Uruguay.