El juez federal de la Florida en Estados Unidos, Ted Bandstra, finalmente concedió la extradición del banquero Juan Peirano, solicitada por la Justicia uruguaya, según informó Canal 12.

En la audiencia celebrada el pasado 25 de octubre, el magistrado había solicitado entre una semana y 15 días para expedirse, pero la decisión llevó un poco más de tiempo.

Ahora Peirano será remitido a Uruguay, donde se le tomará declaración y se decidirá si se lo procesa o no. El banquero está detenido en el Centro Correccional de Miami, Florida, desde el 19 de mayo pasado, luego de estar prófugo cuatro años. Fue arrestado por el pedido de extradición cursado por la justicia uruguaya a raíz de los juicios que entablaron los ahorristas y el Estado.

La jueza Gatti lo acusa en un expediente global de asociación para delinquir, fraude, apropiación indebida y sociedad fraudulenta insolvente en casos relacionados al vaciamiento del Banco Montevideo durante la crisis del 2002.

Esta es la nota que escribi en julio de 2002

La cruz de los uruguayos

Latitud 30-35. Uruguay, julio del 2002.

En medio de las turbulencias y zozobras que vive la región y en particular la endeble economía uruguaya, un nuevo escándalo sacudió a la plaza local: la caída del grupo Velox, propiedad de la familia Peirano Basso estremeció a un país que si ya estaba en el CTI, ahora se encuentra en un coma profundo.
El default del grupo Velox en la región y la caída de su buque insignia: el Banco Montevideo, con una larga secuela de ahorristas estafados en su buena fe, no ha hecho más que poner en evidencia la liviandad con que se mueve el sistema de controles del Banco Central uruguayo y además la fragilidad de un imperio financiero que, en su mejor momento, supo tener activos por cerca de 2 mil millones de dólares dispersos por toda la región.

Hoy su principal, el doctor en Derecho y Ciencias Sociales, graduado en la Universidad de la República, Juan Peirano Basso, el segundo de los siete hijos de Jorge Peirano Facio, se encuentra prófugo de la Justicia uruguaya y paraguaya que han solicitado su captura a nivel internacional como co-responsable de las fraudulentas maniobras financieras que, en el caso uruguayo, le costarán al Estado una suma aún indeterminada, pero que superaba, al cierre de esta edición, jueves 11 a las 21 horas, más de 600 millones de dólares. (Sí, así como lo ha leído, el doble de la cifra que el gobierno uruguayo espera recaudar con el primer ajuste fiscal aprobado en este año 2002)

Hay más sin embargo: con fecha 1° de marzo del año 2002, el fiscal argentino Eduardo Taiano planteó que se le impida salir del país a Juan Peirano Basso, a su padre Jorge Peirano Facio, a sus hermanos José y Dante Peirano Basso y a Carlos Maurette, un accionista minoritario del Banco Velox. El fiscal encontró indicios de ilícitos en la denuncia presentada por el Banco Central del país vecino con relación a un conjunto de operaciones sospechosas de tráfico de divisas, transferiencias de fondos entre empresas del grupo, otorgamiento de créditos a financieras del grupo Velox sin la contrapartida de las garantías que se requieren para estos casos. La solicitud del fiscal está en manos del juez federal Claudio Bonadío, que tiene previsto expedirse en estos días, mientras se cumple la suspensión de la operativa del Banco Velox decretada por el Banco Central Argentino a pedido de los propios accionistas, el pasado 28 de junio. La decisión que adoptó el Banco Central de Argentina se debió a una fuerte corrida que no pudo ser afrontada por la institución, problema que adjudicó a la situación de iliquidez que por esos días sufrían los bancos Alemán en Paraguay y Montevideo- Caja Obrera en Uruguay.

Pero Juan Peirano, un hombre del Opus Dei, y que además es Caballero de la Orden de Malta, no sólo se encuentra prófugo de la justicia sino que lo persiguen furiosos ahorristas de toda la región, de todo pelo, patrimonio y estamento social, que lo responsabilizan directamente por la estafa a la que se han visto sometidos. El asunto es que este caso del grupo Velox es un escándalo que sacude a Uruguay y Paraguay como si fuera un terremoto grado 8 medido en la escala Ritcher y que alcanza, con moderada intensidad, a Chile, Brasil, Perú y Argentina.

Lo del terremoto puede parecer un poco exagerado, pero no lo es a poco se empieza a desentrañar la madeja de empresas en la que participa el grupo Peirano, lo que hace que sea el más importante de Uruguay y que por imperio de la diversificación de sus negocios en la región lo ha llevado a convertirse en una suerte de multinacional.

La obra y el poder

El grupo Peirano, ligado y fuerte contribuyente a la obra de José María Escrivá de Balaguer, y con un entramado familiar y de relaciones políticas que lo hacen estar muy cercanos al poder, es una dinastía con historia en el país. Una historia que se remonta al año 1902 cuando el comerciante Pedro Facio fundó, junto con otros accionistas, el Banco Popular del Uruguay. Ya en los años 40, el Popular se convirtió en el tercer banco detrás del Comercial y el Caja Obrera en cuanto a captación de ahorros y por sus colocaciones. A finales de la década de los años '60 el Popular fue absorbido por el Mercantil del Río de la Plata que había sido fundado cuando en 1915 la firma Facio, Peirano & Cía compró la cartera montevideana del Banco Francés del Río de la Plata, de Buenos Aires.

Con el correr del tiempo, el Mercantil se posicionó como uno de los grandes bancos nacionales luego de comprar el Banco del Interior, algunas sucursales del quebrado Banco del Sur y la sucursal uruguaya del Italo-Belga.

En 1969 se fusionan los dos bancos familiares, el Mercantil y el Popular, pero esa historia duró poco, apenas dos años: en 1971 fue intervenido por el Estado debido a un excesivo endeudamiento, una cartera de colocaciones demasiado concentrada y una operativa ilícita con una red de financieras con testaferros al frente, usadas para un sostenido vaciamiento de la institución original, es decir el banco Mercantil. Durante el gobierno de Jorge Pacheco Areco, Jorge Peirano Facio aceptó la secretaría de Industria y Comercio. Después del cierre del Mercantil, en los primeros años de la dictadura, la justicia procesó al ex ministro aunque sólo pasó algunos días tras las rejas.

El Banco de Montevideo, en tanto es considerado la continuación del Banco Francés Supervielle & Cía, que entró en concordato en 1940. Como resultado de ese hecho los acreedores estuvieron representados en su directorio, hasta que en noviembre de 1941 el gobierno otorgó la personería jurídica de la institución en la que participan entre otros grupos económicos, los Mailhos y el holding argentino Bunge & Born.

En los años posteriores, hasta 1989, la historia del banco no es demasido llamativa, los hermanos Jorge y Juan Carlos Peirano Facio supieron cultivar un muy bajo perfil, aunque en la década de los años 70 iniciaron el desembarco en Argentina.

En 1989, año de elecciones nacionales, se retiraron del Banco Montevideo los principales grupos argentinos, y el 95 % del paquete accionario fue comprado por el Deutsche Bank. En la década de los años 90 esa mayoría accionaria fue compartida con el grupo alemán Oetker y con el grupo Velox, de Peirano Facio, que terminó controlándolo. Es en esa época que la familia Peirano se divide al no participar en el negocio Juan Carlos Peirano Facio.

En Argentina en tanto, el primer paso lo dieron cuando instalaron una financiera llamada Organización Velox, que en el año 1983 pasó a ser el Banco Velox. En la pasada década se dio el salto del grupo Velox al comprar los bancos Asfin y Del Fuerte y la financiera Crédito Luro.

Pero el gran salto lo dieron en 1991, cuando se hicieron de la cadena de Supermercados Disco. Juan Peirano está casado y tiene seis hijos con Leticia Vejo, perteneciente a la familia argentino-uruguaya que había fundado la cadena Disco en 1961. Al no poder hacer frente a problemas financieros, el padre de Leticia le ofreció al grupo Peirano entrar a la empresa, cosa que hicieron accediendo a todo el control de la cadena, hasta que en 1997 vendieron el 50% de las acciones a la firma holandesa Ahold.

Los últimos años fueron los más intensos para los Peirano, que tienen negocios en siete países, pero fue Argentina el país que les proveyó la mayor parte de sus ingresos. Tanto es así que Juan Peirano es uno de los miembros de la Asociación Empresaria Argentina, e incluso se dio el lujo de ser anfitrión, en febrero pasado, del presidente Eduardo Duhalde en su campo en Tucumán que lleva un nombre por demás premonitorio: Los Chorrillos.

La historia se repite

Ahora en pleno siglo 21 se vuelve a reiterar la historia de la familia Peirano. Las primeras señales de la crisis vinieron de Paraguay, donde los hermanos Peirano controlan el Banco Alemán, el tercero en tamaño luego del Citibank y el ABN Amro.

Hacia fines de mayo, el Banco Central de ese país debió asistir a la entidad por problemas de iliquidez, ante los fuertes retiros de depósitos. El banco, con fondos por una cifra superior a los 220 millones de dólares, había perdido cerca de 60 millones en apenas unas semanas. A los pocos días, la situación se tornaba insostenible y llegaba el pedido de autoliquidación.

Los problemas continuaron aquí en Uruguay, con el Banco Montevideo-Caja Obrera. El problema fue el mismo: la corrida originada por la crisis de confianza y por la propia operatoria de la institución, dejó al banco sin fondos para responder a sus clientes. Hoy el Banco Montevideo-Caja Obrera está intervenido por el Banco Central de Uruguay.

En medio de todo esto en Paraguay surgió el pedido de detención de los Peirano acusados de desviar ilegalmente 19 millones de dólares del Banco Alemán. Los fondos habrían sido colocados como garantía para solicitar préstamos con los cuales responder a los contantes retiros de los ahorristas argentinos. Un día después del pedido de captura, el 28 de junio, el Banco Central Argentino decidió suspender la operatoria del Velox, a pedido de la propia institución, pero en acuerdo con el Banco Central Argentino.

La operativa en Uruguay y sus consecuencias

El ministro de Economía y Finanzas, Alberto Bensión, tensó la relación con el Parlamento el pasado martes 25 de junio cuando ante una nutrida asistencia de legisladores dijo que no se había equivocado al hablar del sistema financiero y la situación económica.

Detrás de la soberbia con que se maneja, fruto quizás de su propia naturaleza retraída y tímida, se visualiza la soledad con la que se tiene que mover para hacer frente al desmoronamiento de la economía uruguaya y en particular la sangría de casi 5 mil millones de dólares fruto de una corrida bancaria sin precedentes en la historia del Uruguay.

Es así que el 20 de junio de 2002, cuando se decretó la libre flotación del precio del dólar, marcará a una generación de uruguayos de la misma manera que lo hizo el quiebre de la tablita en noviembre de 1982.

Esa semana dificilmente podrá ser olvidada por el ministro Bensión y por los uruguayos porque al día sisguiente, el viernes 21 a las 17 horas el titular de Economía en acuerdo con el Banco Central tuvo que intervenir el Banco Montevideo-Caja Obrera con desplazamiento de autoridades.

Cuando se resuelve la intervención del Banco Montevideo, el directorio del Banco Central nombra para llevar adelante la misma al economista Adolfo Díaz Solsona, un técnico estrechamente vinculado al grupo Velox y que además mantiene relaciones de parentesco político con la familia Peirano, a través de la familia Fleurquin.

No obstante, para evitar suspicacias, el propio Díaz Solsona presentó renuncia el sábado 22, justamente por entender que no era la persona adecuada para ejercer ese cargo. El lunes 24 a la tarde BCU nombra en su lugar al economista Jorge Xavier quien ocupa las oficinas donde anteriomente se encontraba Dante Peirano, en la sede del Banco Montevideo, en la esquina de Rincón y Misiones, en el corazón de la city.

El BCU sabía

Las explicaciones que dio la autoridad monetaria para ordenar la intervención del Banco Montevideo quedaron expresadas en la versión taquigráfica de la Comisión de Hacienda del Senado, cuando Bensión y el presidente del BCU, César Rodríguez Batlle, concurrieron el martes 25 a explicar la flotacion del dólar.

Allí Rodríguez Batlle, reconoció que el gobierno sabía desde febrero pasado que el Grupo Peirano estaba vaciando al Banco Montevideo mediante el sistema de autopréstamos a empresas colaterales. El presidente del BCU sostuvo que "el Banco de Montevideo y el Banco La Caja Obrera, que han venido funcionando como una única unidad desde la adquisición, por parte del primero no fueron ajenos al proceso de caída de depósitos del resto del sistema financiero y, en consecuencia, desde mediados de febrero tuvieron una disminución en sus niveles de depósitos, que los fue poniendo en una situación difícil".

Sostuvo que "simultáneamente en el mes de febrero se decreta una supervisión intensiva por parte del Banco Central, que detecta determinadas operaciones del banco con integrantes del grupo poseedor de las acciones del Banco de Montevideo y La Caja Obrera. Es así que luego de esa supervisión que se decreta el 25 de febrero, en marzo se instruye particularmente a que cese la concesión de crédito a empresas vinculadas y no se incremente la absorción de riesgos en esos sectores de empresas vinculadas. A su vez, se les impone la cancelación de algunas operaciones que estaban identificadas como que de ninguna manera se podían mantener. No lo voy a desarrollar ahora, pero se trata de compromisos que fueron individualizados y que asumió el Banco de Montevideo con empresas vinculadas. Se les ordena, particularmente, su cancelación con fecha 7 de marzo. Es decir que había varias categorías de operaciones: algunas admitían un cierto plazo para su disminución y otras eran de disminución o cancelación inmediata. Reitero: se trata de una resolución del Directorio del 7 de marzo de este año".

En buen romance, la máxima autoridad de contralor financiero del país se percató ya en febrero que las autoridades del Montevideo-Caja Obrera estaban concediendo importantes préstamos a empresas vinculadas, pero no pasó nada, por lo que la fuga no se detuvo hasta que el 9 de junio se designa a un veedor "frente al agravamiento de la situación".

Sin embargo Rodríguez Batlle no supo explicar o no quiso informar sobre las verdaderas potestades de este veedor ya que si bien "tenía facultades de veto de todas las operaciones que se vincularan al grupo; se constata que alguna de las operaciones que estaban dentro de las categorías que debía vetar, igual se realizaron".

El Presidente del BCU agregó que en esa fecha se reclamó al Banco Montevideo "un aporte de capital del orden de los 45 millones de dólares, que debería ser efectuado antes del 15 de marzo. El referido aporte debería cancelar algunas de las operaciones de empresas vinculadas y, a su vez, particularmente, la de un Fondo de Inversión de un Banco de Gran Caimán con una representación en el Uruguay vinculada al grupo propietario del Banco de Montevideo".

El jerarca hace referencia al Trade & Commerce Bank, con sede en Gran Caimán, que operaba con conocimiento de las autoridades uruguayas en la misma sede del Banco de Montevideo. "Frente a los retiros de depósitos, algunos de ellos fueron asumidos por el Banco de Montevideo. En ese momento, además de requerirles el aporte -estoy hablando del 25 de abril, fecha de la otra resolución digna de destaque en este proceso - dice Rodríguez Batlle. "Se les solicita la presentación de garantías reales hipotecarias y prendarias para respaldar, precisamente, la deuda de ese fondo con sede en Gran Caimán. Es entonces que se les da un plazo de dieciocho meses para cancelar la totalidad del resto de obligaciones, lo que se les había pedido que hicieran el 7 de marzo y no había ocurrido. Esta resolución de abril es parcialmente cumplida y el 24 de mayo hay un aporte de los accionistas por 24 millones de dólares" , no 45 millones de dólares como estaban obligados.

Con respecto al requerimiento de garantías reales, los banqueros presentaron al Banco Central un conjunto de garantías, lo que da lugar al comienzo a la constitución de hipotecas de ciertos bienes inmuebles".

En esas hipotecas ''se incluyen bienes de carácter agropecuario, rurales de otra naturaleza, acciones de sociedades anónimas, y algún inmueble de residencia de alguno de los socios. Quiere decir que la resolución del 25 de abril es parcialmente cumplida en el mes de mayo. Si acumulamos el monto de retiros de depósitos desde diciembre, la suma de ambos bancos supera los 200 millones de dólares.

Quiere decir que tienen 600 millones de dólares de depósitos, y la salida de esos dineros les significó una pérdida del orden del 28%. Es así que el 3 de junio se le requiere una nueva capitalización del orden de los 50 millones, recibiéndose como respuesta una promesa de capitalización de 20 milllones a efectuarse el 6 de junio, es decir, tres días después. El 7 de junio se recibe un nuevo informe de la Superintendencia en el que se advierte al Directorio el incremento de algunos de los saldos de las empresas vinculadas y la no cancelación de alguna de las operaciones que se había pedido por parte del Banco Central".

Un veedor que no ve

Aquí llegamos al quid de esta situación ya que el veedor, cuyo nombre se desconoce no controló lo que debía y de allí se fue al proceso de intervención, el 21 de junio, algo tarde ya, porque se habían fugado a la Isla Caiman, al TCB, 270 milllones de dólares. La negativa del presidente Jorge Batlle a intervenir el banco operó como un freno para el BCU y dio de alguna manera aliento a los Peirano para seguir con la operativa de vaciamiento que se hizo a traves de Latinur, una offshore, cuya propietaria es la sociedad anónima Latinur instalada en la Zona Franca Montevideo, llamada ahora Zonamérica.

En ese lugar, en el local 101, edificio Costa 3, a dónde se dirigían los ahorristas para reclamar su dinero, se encuentra una oficina cerrada y cuando se llama al teléfono 518 27 60, una voz femenina señala que para ser atendido debe dirigirse a TCB Mandatos al teléfono 601 95 55. Discando este número, el ahorrista recibe la misma voz femenina que le informa que desde el 3 de julio debe discar al 900 50 09 para sacar día y hora a los efectos de ser atendido o dirigirse a una oficina ubicada en Uruguay 928 de 10 a 17 horas. Esa oficina fue la que dispuso el grupo Peirano para atender a los ahorristas y es un local que en la guia de teléfonos figura a nombre de El Mirador SA, Ortolani, Piero María, abogado. Y esto es una sorpresa mayúscula puesto que el apellido Ortolani está fuertemente vinculado a la logia masónica P 2 de Licio Gelli. Abogado, católico practicante, Umberto Ortolani había sido nombrado caballero por el Vaticano en 1963, una distinción que le fue retirada en 1982 tras los escándalos financieros que protagonizó. También era embajador en Uruguay de la Orden de Malta, la misma que condecoró a Juan Peirano, ¡vaya coincidencia! Umberto Ortolani falleció el 17 de enero de este año.

En esa casona de la calle Uruguay en tanto, jovenes abogados, contratados por el grupo Peirano a través de Manpower, y a quienes se les paga mil dólares por mes para hacer ese trabajo, deben atender a furiosos ahorristas.

Es que los depositantes del Montevideo quedaron atrapados en una suerte de "corralito" que las autoridades no reconocen aunque a algunos, unos 1500 tenedores del Fondo de inversión BM Fondos se les reconoció un 70% de la cartera.

Mientras tanto, en diferentes lugares de Montevideo los afectados por el grupo Velox se siguen reuniendo para emprender acciones conjuntas. Las asambleas más numerosas se han realizado en el salón Frac en la calle Agraciada, en Arroyo Seco.

Las denuncias contra los Peirano se suman. La última conocida fue la que iniciaron en la órbita civil los abogados del bufete de Ramírez, Xavier De Mello & Abal. El pasado miércoles 10 la jueza civil Teresita Rodríguez registró el trámite de ''medidas preparatorias", durante la cual escuchó las declaraciones de ocho altos cargos del Banco Montevideo. Los titulares de la institución, el grupo Peirano, que habían sido citados, no concurrieron al juzgado, pero quien sí se hizo presente fue el interventor del Banco Montevideo, Jorge Xavier.

Los ahorristas tratan de demostrar que el TCB es parte del grupo Velox de la familia Peirano Basso, propietarios del Banco Montevideo.

El futuro del Banco Montevideo parece incierto, por lo menos la opción más contudente y firme que se maneja es proceder a la liquidación, lo que implica fusionar el Banco Montevideo con el Caja Obrera, traspasándole a éste los activos y los pasivos.

Una vez realizada esta operación se procederia al cierre de la personería jurídica del Banco Montevideo, con lo cual se determinaria, también, el fin de la intervención de la institución. Así la nueva entidad fusionada operaría con el nombre Banco Caja Obrera y el accionista mayoritario sería la Corporación Nacional para el Desarrollo, mientras que la Corporación Financiera de Inversiones del Banco Mundial ofreció capitalizar la institución con 15 millones de dólares.

Quizás así se puede aventurar que se llega al fin de la historia del grupo Peirano en Uruguay, una historia que se inició en el siglo pasado y que lleva sobre sus hombros, con dos generaciones, la dudosa condecoración de dos bancos fundidos y en los que el final del cuento es el mismo: paga el Estado, es decir todos y cada uno de los uruguayos.

Paga ese mismo Estado que no tiene dinero para asistir con $ 10 mil mensuales a los niños de la escuela Horizonte, pero que es capaz de conseguir un préstamo de casi 3 mil millones de dólares con los organimos de crédito internacional para salvar bancos y banqueros, aunque el ministro Bensión y el presidente del BCU, Rodríguez Batlle, digan lo contrario.