La denuncia anónima que vincula al vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa, a su hermano Gonzalo y a los empresarios: Eduardo Coronel e Igor Svetogorsky en una suerte de organización mafiosa para delinquir a costa del Estado uruguayo en las compras de insumos para el Ejército, ha generado conmoción en el gobierno y en la sociedad.
La difusión de la denuncia disparó una variada pirotecnia de especulaciones sobre quién o quiénes son los responsables de haber difundido esos hechos y, además, sobre qué intereses perseguían.
Así se ha dicho que fue el Movimiento de Participación Popular, o alguien que se hizo pasar por integrante de esa organización política, integrante del Frente Amplio. También se dijo que fueron ex militares, devenidos en empresarios, que están molestos por haber perdido las licitaciones. También se ha dicho que las denuncias son parte de una estrategia montada por la derecha para desprestigiar al gobierno frenteamplista o que se persigue afectar la moral del Ejército.
Otro punto de atención ha sido que, por su carácter de anónimo, no se debía investigar y de paso se trató de desvirtuar a los medios que publicaron las denuncias por dejarse usar a sabiendas o inocentemente, en el marco de un operativo de enchastre.
Lo concreto es que la denuncia existe, que desde Presidencia se le dio curso para que se investigue su verosimilitud y ese es el punto que importa más que cualquier otro.
En este caso lo que hay que desentrañar por encima de otra cosa es si efectivamente hay montada una trenza cuyo objetivo sea enriquecerse a costa del Estado, es decir todos los uruguayos. Este es el verdadero objetivo donde hay que poner la lupa, el resto son paparruchadas.