Más repercusiones por la entrevista a Ferro
Despues de la entrevista, dos de los damnificados por el accionar de Ferro, Lilian Celiberti y Universindo Rodriguez, se apersonaron al Canal 12para demandar derecho de respuesta y de paso cuestionar a quien hizo la entrevista.
Yo entiendo la indignación de ver a su secuestrador en la televisión pero no me pueden coartar la libertad de entrevistarlo. Es más, creo que a raíz de la entrevista el caso se puede reabrir judicialmente. Entonces pregunto: ¿qué es mejor para su causa, que yo, al entrevistar a Ferro, lo haya puteado, insultado y destratado para quedar como una estrella, gran defensor de los Derechos humanos solo para la tribuna,o hacer lo que se hizo, preguntar profesionalmente y que el militar se abriera y dijera cosas importantes?

La indignación de hoy
A 29 años de su secuestro, Lilián Celiberti no puede ocultar su indignación por la aparición televisiva de su secuestrador. "Yo siento indignación. No por lo que diga Ferro, que supongo que ocupará sus días diciéndole lo mismo a todo el mundo que puede y que le quiera oír. Me indigna que casi 30 años después existan ciertas disposiciones a hablar que más vale no escucharlas ni darles espacios en los medios de comunicación", afirma.
"No me indigna Ferro, quien no me saca el sueño, sino que se monte un escenario para que él se lave la cara. Independientemente de que la gente no le crea. Pienso que quien va a interrogar a alguien así, a un Pinochet o a un torturador, le tiene que hacer otras preguntas. No podemos partir de un pie de igualdad. Ferro no es un igual a cualquier ciudadano uruguayo. Un torturador está fuera de la sociabilidad humana. No es algo discutible. Su palabra no vale como la de otros".
Universindo Rodríguez comparte el sentimiento: "Ferro ha tenido en los últimos tiempos apariciones públicas. Apareció detrás de Paulós y del Goyo. Estaba buscando espacios para presentarse ante la ciudadanía como un tipo que respeta la Constitución y las leyes, cuando él mismo en ese reportaje, que más que entrevista fue una conversación en la que no lo interrogaron, no le repreguntaron, reconoce su participación en el secuestro en Brasil y los traslados desde Argentina para acá. Es preocupante que en este contexto se presente con expectativas para la población, en el último programa de "Código País", con adelantos en el informativo, una nota en la que se ve un espectáculo donde no dice nada de lo que sabe y tiene que decir", sostiene.
"Ferro está tratando de liderar un sentimiento que seguramente en algunos involucrados existe, más allá de que hoy sean una minoría dentro de las Fuerzas Armadas", agrega Celiberti. "Sigue pensando que había una guerra y que en la guerra pasan esas cosas, se secuestran niños, se mata gente, se desaparece gente, se tortura, como un hecho de la naturaleza. Me parece que es una postura que él trata de liderar no sé con qué fines. Tal vez Ferro tenga miedo. Es clara la ambigüedad de lo que dijo. Se amparó en un secreto militar y yo digo: ¿Qué secreto militar? Esa es la primera pregunta democrática. ¿O acaso las Fuerzas Armadas y los militares no están sometidos al proceso democrático? ¿Qué quiere decir 'secreto militar' o de qué secreto militar habla? ¿De los secretos militares de la dictadura? Sigue hablando en términos y códigos de un comando de la ideología de la doctrina de la seguridad nacional", puntualiza.
Y concluye: "Dice que sabe quiénes son los asesinos del escribano Fernando Miranda y después se desdice y afirma que está investigando quiénes fueron, y nadie le pregunta ¿quién es él para investigar qué? O cuando habla de la presencia de mis hijos y lo califica como una "operación fracasada", ¿qué es "fracasada", cuando nosotros estuvimos cinco años presos luego de ser secuestrados? ¿El fracaso es que no nos pudieron matar, que no nos desaparecieron?"
Esta es la opinion de Celiberti, como se puede ver cuestiona el hecho de que se haya hecho la entrevista. Pero contradictoriamente, en la misma nota de La República del 23 de diciembre, se dice que a raiz de sus declaraciones se puede reabrir el caso de Ferro en la justicia. ¿En qué quedamos?
No descartan abrir la causa

Ferro y su 'show mediático'
Por Daniel Gatti
El miércoles por la noche, Código País, el periodístico de Canal 12, emitía su último programa del ciclo 2007. A lo largo del día, el canal creó expectativa sobre lo que sería el plato fuerte de la emisión, una entrevista con el capitán retirado Eduardo Ferro, acusado de diversas violaciones a los derechos humanos (secuestros y asesinatos incluidos).
Poco tuvo de novedosa la entrevista: Ferro se defendió, negó haber participado personalmente en asesinatos, no recordó si había torturado (“si le digo que no me acuerdo se va a reír”, le lanzó al periodista), comentó que en el operativo de secuestro en Porto Alegre, en 1978, de los militantes del pvp Lilián Celiberti y Universindo Rodríguez había tenido una participación reducida (“me limité a ir a buscarlos para trasladarlos a Uruguay”, “se trató de un operativo del dops brasileño”, señaló), indicó que no le consta que haya habido vuelos de la muerte, agregó que sólo conoce la existencia de un traslado masivo por avión de uruguayos secuestrados en Buenos Aires y que se hizo para salvarles la vida, ya que en Argentina iban a ejecutarlos (“lamentablemente no todos somos iguales, ¿vio?”), admitió que hubo militares que “perdieron los puntos de referencia”, pero que se trató sólo de momentos, de casos aislados y jamás de una actitud de cuerpo...
En fin, nada que otros no hayan dicho antes. Lo novedoso en él es que habló, simplemente que habló, luego de dar por agotada la “estrategia de silencio austero”. O, tal vez, el enterramiento de lujo que le propinó a Gregorio Álvarez al hacerlo responsable, en tanto comandante en jefe del Ejército, de todo cuanto aconteció en materia de violaciones a los derechos humanos en aquel período. “Es una situación triste la de Álvarez”, dijo al aire quien apareció acompañando al ex dictador en sus comparecencias judiciales.
Pero lo que rayó en el insulto fue el comentario de Ferro de que está “investigando” las circunstancias de la muerte del militante comunista Fernando Miranda, crimen del que se lo acusa precisamente a él, al igual que de la ejecución de otro miembro del pcu, el sindicalista Óscar Tassino. Cuando las investigaciones hayan concluido (“no cuento con un aparato, comprendan mis dificultades”), verá en qué forma difunde sus resultados. Hay que confiar en sus pesquisas, pues se trata de “un caso personal”... Una buena cosa: a los verdaderos asesinos de Miranda, Ferro ya los tiene “identificados”.
“Nos toma el pelo”, dijeron a Brecha Universindo Rodríguez y Lilián Celiberti. “Efectivamente, él no estuvo en nuestra detención (producida en noviembre de 1978 en Porto Alegre, el 12 la de Universindo y los pequeños hijos de Lilián, unos días antes la de esta última), pero participó en la segunda fase del operativo.” El 13 de noviembre de aquel año, cuenta Celiberti, un grupo de represores que Ferro comandaba “nos estaba esperando en la ruta 8, en Rocha, nos trasladaron a Santa Teresa, nos hicieron un simulacro de fusilamiento y a mí Ferro volvió a llevarme a Porto Alegre para montar una ratonera en el apartamento en que vivía, en la calle Botafogo. Pasé seis días en su poder. La operación quedó al descubierto cuando dos periodistas brasileños (de la revista Veja) cayeron en el apartamento de Botafogo y lo retrataron. Ahí saltó todo, eso nos salvó la vida, y él se hizo ‘famoso’ en Brasil. Luego se lo vio en otros lugares de Porto Alegre y en San Pablo”, intentando dar con el paradero del líder sobreviviente del pvp Hugo Cores. Los hijos de Celiberti, Camilo y Francesca, de 3 y 7 años en aquel momento, permanecieron detenidos 15 días. “Si se los entregaron a su abuela fue muy probablemente porque el escándalo internacional que se armó fue tan fuerte que debieron hacerlo. Si no acaso hubieran tenido otro destino”, dice Universindo Rodríguez. Y agrega: “durante todo el tiempo que estuvimos en el cuartel, y hasta el año 80, en los interrogatorios que se nos hacían aparecía invariablemente el capitán Eduardo Ferro”.
EL LARGO BRAZO. Ferro siguió “ocupándose” de Celiberti en los años posteriores. Una mañana de 1984, a poco de que la militante del pvp fuera liberada, se encontró con el capitán en la esquina de su casa.
—¿Cómo estás? –le preguntó el militar.
—Bien, esperando verte en el juzgado.
—¿Nunca tuviste miedo de que te tiraran de un avión?
—Si no tuve miedo en aquel tiempo, menos ahora.
Celiberti sabía que sería muy improbable que Ferro terminara en un tribunal. Cuando fue citado, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas guardó la citación, como la de tantos otros uniformados, en una caja fuerte.
Tiempo después, Celiberti encontró en su casa una carta, anónima, en la que alguien la citaba en un boliche de 8 de Octubre y Garibaldi para “revivir aquellos tiempos de Porto Alegre”. Celiberti acudió a la cita, en el día y la hora indicados. “Quise demostrarle que no tenía miedo. Si no iba, no pararía de acosarme. Él no fue, o al menos no se hizo ver.”
“Es indignante que un tipo así, que participó en operaciones de traslado de personas, no sólo desde Brasil sino también desde Argentina, de secuestro de niños, de torturas, aparezca ahora, como lo hizo en este programa, hablando de respeto a las leyes, de democracia”, dice por su lado Rodríguez.
Pero lo que más subleva a ambos (“de Ferro no se podía esperar otra cosa”) es el “show que montó Código País”, el procedimiento periodístico de los animadores del programa. “No parecía una entrevista sino una conversación, no le repreguntaron nada, lo dejaron mentir con total descaro, y lo peor es que lo hicieron en el último programa del año, no permitiendo ninguna reacción”. Cuando abandonaron el local de Brecha, a las tres de la tarde de ayer jueves, Celiberti y Rodríguez marcharon hacia Canal 12 para exigir un “derecho de respuesta”. Los recibió (“muy amablemente”) gente de la producción de Código País, con la que acordaron que esa misma noche Celiberti dispondría de un minuto en Telemundo, y que en febrero se les realice una larga entrevista, probablemente en compañía de uno de los periodistas brasileños que en aquel 1978 tal vez les haya salvado la vida.




Charly dijo
Más bien "Código País" hizo "Periodismo", puso a una de las partes frente a las cámaras y la hizo hablar. Claro, Ferro es Ferro, un tipo que en la época de la dictadura era un fanático, un enloquecido militante anticomunista que veía enemigos por todos lados, odiaba a todo el mundo y despreciaba a quienes no eran de su "barra" de uniformados impunes. Jugaba con la libertad y la vida de las personas y seguramente sabe muchas cosas que mantiene escondidas en un silencio que es una especie de escudo para no tener que responder ante la Justicia.
Y ese juego siniestro y cobarde lo hizo basado en la Doctrina de la Seguridad Nacional, engendro ideado por el Departamento de Estado para darle cobertura ideológica a las "correrías" represivas de los ejércitos en los países latinoamericanos.
Juego siniestro y cobarde, además, que llevó adelante, siendo funcionario público, con la cobertura de un cargo pago por todos los uruguayos que, como a todos los militares, los contratamos para que defiendan nuestro marco constitucional (que fueron los primeros en violar) y nuestras fronteras.
Supongo que el Ferro de hoy es distinto, pero su responsabilidad sobre lo hecho en el pasado está eticamente intacta.
Que algunas de sus víctimas protesten por verlo en su nueva imagen, tratando de dar explicaciones y escudándose en medias verdades y mentiras, es un derecho que les corresponde. Como también es justo que quieran disponer de un espacio para la réplica.
Pero, lo otro, que un medio que tiene la posibilidad de poner a ese personaje, uno de los tantos militares trastornados de aquel pasado tremendo, capaz de cualquier barbarie, lo haga, me parece correcto y positivo.
¿O solo debemos odiar? ¿O solo debemos dar una versión de aquel pasado en que las culpas hay que distribuirlas con el decantamiento que le dará el paso del tiempo, en la historia?
Lo que me parece lamentable es que algunos medios de "comunicación" se monten en la protesta comprensible de alguna de las víctima de Ferro, para cuestionar a un programa periodístico que es importante que se mantenga y siga adelante.
Y que además lo haga porque ese programa hizo una nota periodística de indudable interés que no tenía el objetivo de "limpiar" de culpas al torturador, sino de darle elementos a los uruguayos para juzgar con más profundidad uno de las peores etapas históricas que hemos vivido.
Quizás los logros pueden discutirse, pero no la intención. Y ello lo decimos porque conocemos a los profesionales que actuaron.
30 Diciembre 2007 | 10:42 PM