Gaby Álvarez según Jorge Rial
Mal trabajo el de Rey de la Noche. Nadie termina bien. Y es lógico. Como el crimen, la farándula no paga. Nadie que quiera ocupar ese lugar puede obviar la mezcla fatal de fama, drogas, sexo y soberbia.Imagine cada uno de esos ingredientes juntos y potenciados por el fervor de la notoriedad prestada y la supuesta impunidad del ilustre.
Gaby Álvarez, con apellido de almacenero, se creyó que era el nuevo capo de la farándula hueca. Vino a ocupar un lugar que ya se llevó a varios pesados de hábitos nocturnos.
Ninguno terminó bien. A Poli Armentano, amo y señor de los noventa menemistas, un killer le clavó una bala 22 en su cabeza.
A muchos le molestaba su alta exposición y, por sobre todas las cosas, los secretos que estos arlequines de las estrellas conocen y en algún momento pueden llegar a contar. Porque los famosos, tan cauteloso con su vida privada, se muestran tal cual son en esas fiestas recargadas y kitch que organizan los relacionistas públicos. Mejor dicho, simples traficantes de influencias.
Allí no tienen empacho en aspirarse una línea de cocaína, acostarse con la primera mujer u hombre que se cruce por ahí. O con ambos a la vez.
También ser el Rey de la noche significa armar poder entregando todo tipo de mercadería a empresarios, artistas y periodistas. La promiscuidad es una de las bases para convertirse en el muchacho de todas las fotos de las revistas de actualidad...
Triste trabajo el de Rey de la noche. Pero más triste es haber sido parte de la corte de ese bufón mediático y borrarse cuando las papas queman. Ninguno de los que desfilaban como corderos en las interminables fiestas de Gaby Alvarez hoy son capaces de romper lanzas por el muchacho en merecida desgracia.
Así son lo que sonríen en las fotos. Así son los que se ponen ridículos delantales en fiestas a beneficio para mostrar que son más buenos. Así son los que denostan a los que se meten en su vida privada. ¿Qué son? Una mierda. Perdón por la definición, pero no existe otra.
Los que estuvieron y hoy no están. Los que "no saben-no contestan" ante los micrófonos. Los que ya están quemando las fotos de un pasado muy cercano. Los que ni siquiera tuvieron un pensamiento hacia las dos personas que murieron por culpa de la supuesta impunidad de la fama.
Esa fama por contagio porque, ¿cuál era el talento del pelado? Rodearse, precisamente, de las luminarias criollas que siempre quieren las cosas gratis a cambio de poner sus caras. Todo gratis. Desde un viaje a una mina, pasando sin escalas por la infaltable droga. Así se construyó Gaby Alvarez a lo largo de sus últimos años. Así se destruyó, con los mismos elementos pero sin ningún modelo de tapa llevándole un miserable sánguche a la cárcel.
Ahora cambió el glamour de José Ignacio por la oscuridad de una celda. Allí la fama no sirve para nada. Allí el Rey tiene que entregar su corona y revisar, en soledad, lo que sucedió ese día y que terminó con la vida de dos personas.
Seguramente vendrá otro que ocupe ese lugar. Porque los famosos necesitan rápidamente un gurú de cartón pintado que le diga qué hay que ponerse y a dónde hay que ir. El rebaño necesita un nuevo pastor que los guíe.
Pobre el que se pruebe las pilchas que dejó Gaby, con apellido de almacenero e ínfulas de noble. Que sepan que esta película siempre empieza bien. Con los mejores actores en el reparto. Con todas las tapas de las revistas listas. Con los aplausos y las sonrisas prontas. Pero también con un final poco feliz. No esperen otra cosa de nuestra farándula.



maresdelsur dijo
Creo que es la primera vez, que veo que Jorge Rial dice algo con sentido. Capaz que lo subestime.
13 Febrero 2008 | 03:13 AM