Cuba: se fue Castro Ruz, llegó Castro Ruz, todo en familia
BERNARDO GUTIÉRREZ
Gatopardismo a la cubana. La célebre frase que el escritor italiano Giussepe di Lampedusa acuñó en El Gatopardo para la transición italiana del siglo XIX adoptó ayer en Cuba unos imprevisibles ropajes tropicales. ¿Cambiarlo todo para que no cambie nada? Ni si quiera eso. Cambiar casi nada para que cambie poco.
Lo cierto es que el parlamento cubano, en una de sus sesiones más trascendentes de su historia, nombró el sucesor de Fidel Castro después de 49 años y 55 días en el poder. La sangre nueva entró en la presidencia cubana. Pero sangre de la misma sangre.
De Fidel a Castro, el sucesor del comandante en jefe no fue otro que su hermano Raúl. Los pronosticos se cumplieron. Y la generación histórica, siguiendo el duro mensaje de Fidel Castro del pasado jueves, continúa comandando el rumbo de la revolución. Cambios sí, pero en Estados Unidos. No hubo espacio para sorpresas: Castro (Raúl) al frente. Y si hubo una sorpresa, fue el conservadurismo del cambio. Ni el aperturista e influyente Carlos Lage (que sonaba incluso como posible sucesor de Fidel) ni el joven Felipe Pérez Roque (ministro de Asuntos Exteriores) ni Carlos Valenciaga (el benjamín que asesora personalmente a Fidel Castro) tendrán el peso que se preveía.
Vieja guardia
¿Cambiar casi nada para que cambie algo? Raúl Castro insistió en su discurso de investidura en “incentivar la producción agropecuaria cubana”, en el sin sentido de la doble moneda (pesos cubanos y divisa) y en la necesidad de los cambios. Pero todo mudando nada. O casi. El cambio fundamental, hacia la ortodoxia. El número dos, el apoyo de los Castro, será un histórico de la vieja guardia: José Ramón Machado Ventura, un comunista de la línea dura de 77 años, miembro del buró central del partido e uno de los ideólogos del mismo. Ventura, de vicepresidente ascendió a vicepresidente primero.
Será (ya es) la mano derecha del nuevo presidente. Por si fuera poco, Ricardo Alarcón, otro peso pesado de la revolución que preside hace 15 años el parlamento cubano, seguirá al mando del timón. Y la noticia bomba (otra sorpresa ortodoxa): el poder en la sombra de Fidel Castro fue aprobado por unanimidad y ley verbal, a propuesta del propio Raúl. "Que de Fidel dependan las decisiones de especial transcendencia para el futuro de la nación, en especial las vinculadas, con la defensa, la política exterior y el desarrollo socioeconómico". afirmó Raúl Castro poco después de ser nombrado oficialmente presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros.
Sea cual sea la lectura, la sesión/votación se desarrolló con casi absoluta previsibilidad. Y el guión, un protocolo cargado de la dialéctica del régimen, se cumplió al pie de la letra. María Esther Reus, ministra de Justicia y presidente del Comité Electoral, arrancó la sesión a las 10.00 horas locales. Fidel Castro presidió espiritualmente la sesión desde el inicio, cuando los 597 diputados presentes (17 ausencias) le dedicaron una gran ovación. Después del aplauso unánime, la crónica de la sucesión anunciada. O del inmovilismo sospechado.
Cargos confirmados
El cuadro de mandos del parlamento permanecerá casi igual. Ricardo Alarcón fue ratificado en su cargo. El vicepresidente volverá a ser Jaime Crombet. Apenas el secretario, Ernesto Suárez dejará su puesto (Miriam Brito le reemplazará).
Y el plato fuerte de la jornada (definición de los miembros del consejo de Estado) confirmó los temores de los escépticos: la lista propuesta fue aprobada por unanimidad. Y lo que es más: los cambios en los cuadros de mando son casi nulos. El vicepresidente primero cambió (Ventura tomando el relevo de Raúl Castro). Julio Casas, Viceministro Primero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, estrena cargo de vicepresidente. Los otros cuatro permanecen inmóviles en el cargo: Juan Almeida Bosque (presidente de
¿Cambiar algo para que cambie nada?¿Casi nada para que cambie un poco? Raúl Castro, que insistió en su discurso en la necesidad de los cambios, dejó la puerta (entre) abierta. Pero al final de la sesión, las palabras de Fidel Castro (“cambio, sí, pero en Estados Unidos. Cuba ya cambió hace cincuenta años”) flotaban en el aire. Y, por extensión, en toda la isla.


