Hace un rato estuve hablando con Carlos Román, periodista de Durazno, director del diario El Acontecer y me dio una mala noticia. Hace tres días murió doña Rosa, la dueña del Sorocabana de Durazno, el último de los sorocabanas que queda en Uruguay.
A doña Rosa la conocí hace muchos años, en 1996, cuando transformé a El Acontecer de trisemanario a diario de lunes a sábado.
Doña Rosa no le dio mucha vida a El Acontecer: “acá no hay noticias para todos los días”, lanzó la mujer parapetada tras el mostrador del bar.
La verdad, me dio bastante bronca lo que dijo, pero como con el correr del tiempo El Acontecer diario logró afirmarse, ella no tuvo más remedio que reconocer su error. Hoy El Acontecer tiene dos mil suscriptores en la capital de Durazno, el 10% de los habitantes, una cifra que provoca la envidia de muchos. Imagínense que sería como si un diario de Montevideo vendiera 150 mil ejemplares por día.
Más adelante en el tiempo, cuando estuve instalado en Durazno durante unos meses haciendo una reingeniería del diario, iba todas la tardes al Sorocabana y allí doña Rosa me esperaba con un rico café con leche y un alfajor de maicena. Era su manera de pedir perdón por aquellas palabras de más. Nos hicimos amigos de Rosa y de su hijo “El Clavo”, sobre todo cuando nos quedábamos de tertulia conversando sobre cosas intrascendentes de la vida que al final son las más trascendentes.
Salud doña Rosa, en algún otro boliche nos veremos…, eso sí, espero que dentro de mucho tiempo.



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