Me plantearon que describa cuáles son los dilemas éticos que enfrento en mi profesión. He aquí mi respuesta.

En Uruguay si tomamos como base el llamado Compromiso de la Boca, suscripto por periodistas argentinos bajo la guía del experto colombiano Javier Darío Restrepo, todo es materia de discusión y de análisis, dado que en nuestro país no hay nada parecido. Cada uno de los 10 puntos se presentan a diario como dilemas éticos para nuestra profesión. Esto es:

1. Defender la verdad, nuestra independencia como periodistas y

Comprometernos a dar un tratamiento honesto a la información.

2. Comprometernos con la democracia, el pluralismo y la tolerancia como valores esenciales de las sociedades modernas.

3. No aceptar sobornos, dádivas ni privilegios de parte de ningún tipo de poder.

4. Obtener información por métodos legítimos.

5. Mantener los acuerdos off the record con las fuentes de información. Y utilizar este recurso sólo en casos imprescindibles.

6. Respetar el derecho a la intimidad de las personas.

7. Priorizar la vida de las personas a cualquier primicia.

8. Utilizar el papel de los medios para construir y no para destruir.

9. Respetar el derecho del acusado a dar su versión de los hechos.

10. Evitar los conflictos de intereses que comprometen el trabajo del periodista para garantizar su independencia.

Súmese a ello entre otras cosas que las empresas periodísticas redujeron a su mínima expresión los aspectos formativos de sus periodistas e incluso las plantillas. Todo ello redunda en atentar contra el producto final.

Que el panorama profesional sufrió en los años recientes una brutal transformación empujada en muchos casos por la sobreoferta de graduados en periodismo (carrera que se convirtió en los años recientes en “la moda”) que llegan a las redacciones con muy pocos conocimientos prácticos periodismo.

Y la cada vez más frecuente irrupción de personas que sin ser periodistas ejercen alguna forma de periodismo: modelos, actrices, futbolistas, humoristas, animadores y hasta los propios políticos. Es frecuente leer en sus currículos que son periodistas cuando tan solo son columnistas de opinión en alguna publicación partidaria.

Este panorama no tiene ámbitos de discusión ni pública ni privada y son abordados por los profesionales de manera informal en charlas de café o en los corrillos pero no ha fructificado en nada concreto