La pirueta de K
El gobierno argentino comenzó a darle la espalda a los piqueteros ambientalistas de Gualeguaychú. Ya no se los deja hacer lo que quieren y, además, para colmo de males, para ellos, por supuesto, hasta los propios organismos técnicos argentinos dicen lo que otros ya han dicho: Botnia no contamina. Los que sí están contaminados por el virus del mesianismo y ya sin oxígeno son ellos, los piqueteros, que se sienten abandonados sin apoyo político y sin respaldo mediático.
El bloqueo del puente que une las ciudades de Fray Bentos con Gualeguaychú lleva dos años y dos meses y se sostiene con un tronco cruzado en la carretera y una anciana, sentada en una reposera, que a lo mejor hasta pasa las horas tejiendo. Y en medio del desgaste de la prolongada y mesiánica lucha, los neoambientalistas ya empiezan a hablar de buscar diferentes tipos de medidas que les permitan abandonar los cortes de ruta: “Puede ser que aparezca una acción superadora”, consideró el piquetero José Pouler, uno de los líderes de Gualeguaychú. Ahora insistirán ante el gobierno de Kristina para que “reglamente y haga cumplir el Código Aduanero”, y que impida el paso de insumos y materia prima para las pasteras como paso previo a levantar el corte en Gualeguaychú. Pero el gobierno K respondió con una frase, que hasta ahora sólo se le escuchaba decir a los uruguayos: “con los puentes cortados no negociamos”.
El pasado fin de semana intentaron bloquear totalmente por tierra a Uruguay; no lo lograron, pero los piqueteros se niegan a definir como una derrota la imposibilidad de cortar los puentes de Colón y Concordia en medio del recambio turístico. “Logramos que todos volvieran a hablar de Botnia y de la contaminación de las pasteras”, sostuvo Pouler.
Y el frente ahora se le abrió al gobierno argentino. “Sirvió para que a muchos se les cayera la careta, como al gobernador de Entre Ríos (Sergio) Urribarri, a varios intendentes y al propio jefe de gabinete (Sergio) Massa, que hablaba del informe del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), organismo estatal argentino, (que dice que Botnia no contamina) sin conocer los informes”, insistió Pouler.
La escasa convocatoria de los ambientalistas y la superioridad numérica de los gendarmes en la Ruta 135 -que conduce al puente internacional General Artigas y a la ciudad de Paysandú- hicieron vanos los intentos de bloquear el paso. Luego se limitaron a acampar a la vera del puente y a repartir volantes contra las pasteras a los miles de vehículos que pasaban la frontera. Ya habían desechado el corte Concordia-Salto, donde el intendente peronista Gustavo Bordet amenazó con encabezar un contrapiquete si los ambientalistas intentaban un bloqueo.
¿Que ha pasado, más allá del hartazgo social, para que el gobierno de Argentina dé este giro y hoy sea el principal interesado en que se levante el bloqueo en el puente?
Se dice que la política ve las cosas distinto según sus intereses. Y esto es cierto a poco se recuerda lo que pasó desde el año 2000 a la fecha. En ese año, con el Frente Amplio en la oposición, la coalición sostenía que las pasteras eran "poco trabajo para hoy y mucha destrucción ambiental para mañana". Las fábricas, a la sazón dos, Botnia y Ence, eran proyectos.
Cuando Tabaré Vázquez ganó las elecciones, y en el hotel Presidente se preparaba el ingreso de la izquierda al poder, este periodista consultó al en ese momento designado secretario de la Presidencia y hoy canciller de la República, Gonzalo Fernández sobre la posición del gobierno electo en torno a las pasteras. “Las plantas se construirán tal como estaba planeado, necesitamos generar trabajo, mucho trabajo", me dijo Fernández.
Sobre su mesa, entre cientos de papeles, tenía un lugar destacado el convenio que firmaron en 2004 los cancilleres de ambos países, Didier Opertti por Uruguay y Rafael Bielsa por Argentina, a través del cual el vecino país aceptaba la instalación de las plantas de celulosa y de este lado del río se admitía un plan de monitoreo de las actividades industriales.
Por diversas razones, el documento fue deliberadamente olvidado, cuando, meses más tarde, se agravó el conflicto y comenzaron los cortes de ruta en el puente General San Martín y Argentina, en un hecho inédito en las relaciones entre ambos países, se presentó ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya argumentando que Uruguay había violado el Tratado del Río Uruguay al permitir la construcción de Botnia sin consulta previa.
El entonces presidente Néstor Kirchner se sumaría luego al sentir de los piqueteros ambientalistas llevando además a casi todos los gobernadores obedientes (y a varios ómnibus repletos de personas) a un acto en Gualeguaychú para fortalecer el reclamo, besar una leyenda contra Botnia y afirmar que la lucha era "una causa nacional". Ahora, en una pirueta casi circense, asegura que nunca apoyó los cortes.
Pero no fue todo: una abogada de los piqueteros, Romina Picolotti, llegó a ser la máxima autoridad ambiental de la Argentina y tras de una gestión calificada en el vecino país de opaca y salpicada de corrupción, fue recientemente reemplazada.
Hoy, los cortes no despiertan ningún atractivo. Provocan cansancio en Gualeguaychú y en todo Entre Ríos. Esto es, la gente no apoya a los neoambientalistas y esto se traduce en votos, pero también en necesidades políticas. También se puede llamar oportunismo político; otros dirían pragmatismo. Kirchner, el esposo, quiere ser el Secretario General de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) pero encontró el veto del gobierno uruguayo: “con corte de rutas no votamos a Kirchner”. El plazo para la elección de ese cargo es hasta abril de 2009, cuando la Unasur vuelva a reunirse en Chile. El tiempo, implacable, pasa, lo que explica el apuro del gobierno K en despejar la ruta. Hay que encontrarle un trabajo a Kirchner, el esposo.


