Como te digo una cosa te digo la otra
Confieso que hay veces que quisiera ser analfabeto o vivir en una isla a donde no llegue ningún tipo de información. Es que la lectura cotidiana de los diarios y de los portales informativos no le dan a uno respiro.
La semana que terminó ayer se transformó en una de las más negras para la economía mundial, la real, con despidos a diestra siniestra.
Veamos y solo a modo de ejemplo: el grupo de electrónica y telecomunicaciones japonés NEC, que había anunciado que suprimiría 9.450 puestos de trabajo en el mundo, finalmente recortará 20.000 empleos, tras estimar masivas pérdidas para este año.
El banco franco-belga Dexia, con una agencia recientemente abierta en Montevideo, que recibió ayuda estatal para seguir funcionando, anunció la supresión de 900 empleos tras sufrir pérdidas netas de 3.000 millones de euros en 2008.
El grupo industrial japonés Hitachi anunció el despido de 7.000 trabajadores en sus secciones electrónicas por la crisis que le ha hecho prever una pérdida anual neta exorbitante de US$ 7.830 millones.
La automotriz japonesa Honda, el segundo fabricante de automóviles de Japón, está estudiando cómo va a procesar el recorte de personal al constatar una fuerte caída en sus beneficios y en su facturación.
En Europa, el desempleo alcanzó un 8% en diciembre, su nivel más alto en más de dos años, en medio de una recesión que multiplica los planes de supresión de empleos.
En España, donde hay miles de compatriotas, el desempleo se ubicó en 14,4% en diciembre. En Alemania, el desempleo subió a 7,2%.
En total, según las previsiones, 30 millones de personas podrían perder sus puestos de trabajo si la crisis no se subsana en el 2009, pero el peor escenario lo plantea Tendencias Mundiales de Empleo, en cuyo informe proyectó unos 51 millones de desempleados para el este año, lo que se traduce en una tasa del 7,1 por ciento de desocupados a nivel mundial
Con estos 51 millones de nuevos desempleados que se prevén para este año, el mundo podría alcanzar la cifra récord de 230 millones de personas desocupadas, gracias a la crisis financiera internacional.
En nuestro país, los datos no son muy alentadores, ya que por tercer mes consecutivo las solicitudes para ampararse en el seguro de desempleo se incrementaron y llegaron a las 7.536 en diciembre, lo que representa un 39% más que un año atrás. Y como si fuera poco, en el Banco de Previsión Social estiman que volverán a crecer.
La rotunda caída de los negocios con el mercado extranjero ha impactado gravemente, por ejemplo, en la industria del cuero, dejando sin trabajo a 600 curtidores, mientras otros 1.000 están en el seguro de paro. El sector, que ocupa a unos 4.500 trabajadores, posiblemente vea aumentada esas cifras en el corto plazo, prevén en el sindicato.
Se suma, además, el enlentecimiento de algunas inversiones o lisa y llanamente su cancelación.
La más importante es, sin dudas, la minera anglo-australiana Río Tinto que ya anunció la suspensión de la suya, un millonario proyecto para un puerto de acopio en Soriano. La cancelación de la inversión de 320 millones de dólares por parte de la multinacional obedece a la retracción del mercado del acero por la crisis global. Ya en diciembre, la casa matriz de Río Tinto en Londres había anunciado el recorte de 14.000 puestos de trabajo.
Pero hay más: la papelera Ence, que planea construir una planta en Conchillas, departamento de Colonia, comunicó que "ante el entorno económico actual, y con el objeto de adaptarse al nuevo contexto de mercado" ha decidido buscar un socio para la ejecución de la planta.
Stora Enso, la otra papelera, todavía no ha definido dónde instalará la planta.
Portucel, la pastera lusa expresó en su memoria anual su intención de crecer fuera de Portugal y la firma de acuerdos con el gobierno de Uruguay, pero no explica cuando se concretaría la instalación de la planta que estaba previsto fuera en el departamento de Rocha.
En pocas palabras, el planeta vive una especie de terremoto económico y financiero y Uruguay no está ajeno ni blindado.
En medio de esta situación, el país ingresa en una campaña electoral que se vivirá en todos los planos, incluido el económico.
De otra manera no se explica cómo el presidente del Banco Central, Mario Bergara, se pudo ufanar, en una reciente entrevista en el diario El País, que “hace cinco meses que hay crisis en el mundo, y en Uruguay las señales de debilidad recién están apareciendo en algún sector, hay algunos problemas puntuales dependiendo de los nichos de exportación”. Ese discurso de Bergara va en sintonía con el resto del gobierno que no quiere levantar olas. Pero lo cierto es que Uruguay está perdiendo competitividad con el resto de los países, con los que compite por los mercados mundiales cada vez más deprimidos.
Pero estamos en campaña electoral y no hay que crear alarma. Y cada campaña electoral, con gobiernos del color que sea, tiene un rasgo distintivo: el carnaval electoral, esto es la fiesta del gasto público que pagamos todos los ciudadanos por igual cuando no somos todos iguales. Estamos los privados, que sufrimos los vaivenes de la economía y que somos los que engrosamos las listas del seguro de paro y están quienes tienen el trabajo asegurado por ley y que acaban, por ejemplo, de recibir un aumento salarial independientemente de su desempeño.
La crisis está, ya es parte de nuestra vida cotidiana, y no se arregla con “como te digo una cosa te digo la otra”.




Anto dijo
Es cierto que se nota la crisis, mas para lo que no estamos en nómina, pero la información es la peor crisis, en estos momentos, por tanta esto se combierte en algo general, y eso es lo peor creo. es como una enfermadad contagioso. pero así se ha inventado el sistema. decir cosas y cifras mientras mas gordas mas se vende, pues así nos va, cosa q pagamos todos por como somos los seres humanos, q si q inteligentes, pero muy avariciosos, un saludo
31 Enero 2009 | 07:49 PM