Política y vida privada
En el primer programa de Código País, Canal 12, de junio del año pasado, el entonces senador y hoy precandidato oficial del Frente Amplio, José Mujica, alertó sobre el tenor de la campaña electoral.
Dijo que no tenía dudas que, para descalificarlos, se iba a ingresar en el terreno de la vida privada de los candidatos, en algo inédito en el país, señaló Mujica.
Tras esas afirmaciones de Mujica, el resto de los precandidatos consultados sobre el punto no dudaron en coincidir, algunos más otros menos, con la apreciación del candidato oficialista.
El que fue más lejos fue el precandidato blanco, Jorge Larrañaga, quien afirmó que él ya fue objeto de un ataque de ese tenor en la campaña electoral pasada, cuando una publicación de Paysandú, de donde es originario, el semanario Tres Puntos, dio a conocer un trascendido que le atribuía violencia doméstica y malos tratos en su entorno. Justamente fue en Código País donde Larrañaga, junto con su mujer, desmintió el asunto.
Para esta campaña, con Larrañaga ya separado de la madre de sus tres hijos, con nueva pareja, y un cuarto hijo de apenas unos meses, cosa que no había trascendido públicamente, el precandidato blanco se vio necesitado de “blanquear” la situación en una entrevista que concedió a la revista Galería que sale con el semanario Búsqueda.
Lo hizo luego de llegar a oídos de su equipo de asesores que uno de los aspectos que se podía usar en la campaña electoral por la presidencia, si sorteaba las elecciones internas, era justamente este episodio de la reciente paternidad.
Así, una vez más, Larrañaga se vio enfrentado a tener que salir a la opinión pública a dar a conocer, esta vez, su actual estado civil como forma de cortar todo tipo de uso malintencionado que se pudiera hacer del mismo.
Este hecho demuestra que Mujica tuvo razón al alertar sobre el tenor de la campaña electoral. Él mismo ya está comenzando a sufrir esos embates, puesto ya se pone en duda su capacidad de sobrevivir, no solo la campaña electoral sino también hacia delante. En las tiendas de sus adversarios políticos se habla y se discute sobre el momento de hacer uso del arma de la edad y la salud del candidato emepepista.
Por lo pronto ya se habla sobre la importancia de quien va ser el candidato a vicepresidente, si Mujica accede a competir por la presidencia. “El Frente Amplio también tendrá su Pacheco”, se dice en tiendas blancas y coloradas, pero también en algunas frenteamplistas, aunque con un matiz: se preguntan sobre ¿quién será el Pacheco de Mujica? La comparación es obvia: Jorge Pacheco Areco llegó a presidente tras la muerte del titular, el general Oscar Diego Gestido, antes de finalizado el primer año de mandato a causa de un ataque cardíaco.
Algo de esto ya se insinuó en la nota de tapa de la revista Caras y Caretas del pasado viernes 21, cuando su director, Alberto Grille, quien se ha inclinado por la candidatura de Danilo Astori, a la vez que mira con simpatía la de Marcos Carámbula, escribió sobre Mujica.
En la nota decía: “Tiene en contra su pasado guerrillero, un discurso errático, una edad cercana a los 80 años, una enfermedad muy severa de la cual parece estar compensado, una gestión ministerial poco exitosa y el haber largado primero en una carrera que se ha alargado demasiado y que lo obliga a sostener el combate unos cuantos meses más”.
Otro precandidato del Frente Amplio, Danilo Astori, también fue, en el pasado, objeto de acusaciones sobre su comportamiento doméstico cuando un integrante de su familia política llevó adelante una acción propagandística antes de una reunión del Frente Amplio, denunciando que el actual precandidato no habría cumplido con sus deberes. El episodio fue una línea en los diarios, unos segundos en las radios y fue rápidamente olvidado.
Pero ahora parece que ha habido cambios. Recientemente la difusión pública de una foto de la ministra del Interior, Daisy Tourné, en la ducha con la cara mojada y sonriendo y que ésta colocó en su página de Facebook, generó polémica y puso sobre la mesa el debate sobre la vida pública y la vida privada de las personas públicas y los límites de una y otra.
La conducta imperante en Uruguay ha sido, hasta ahora, salvo algunas excepciones como las señaladas, de una tajante separación entre la vida privada y la vida pública, aunque es cierto que muchas veces los candidatos han usado a su familia con fines políticos electorales, presentándolos en spot publicitarios (Luis Alberto Lacalle para las elecciones de 1989, por ejemplo). Pero ahora, con la sociedad de la información en marcha, de la que Uruguay no es ajeno, la percepción de la gente ha cambiado drásticamente. Hoy a nadie asombra que haya quien, al borde la muerte, como ha ocurrido en estos días, en Gran Bretaña, con una joven, venda su agonía a los medios de difusión o que los comportamientos privados dejen de serlo para convertirse en un espectáculo a través de programas del estilo Gran Hermano.
Súmese además el auge de las redes sociales como Facebook, Tuenti, hi5, MySpace, que implica ceder una serie de datos personales, cosa que se hace de un modo voluntario, para que lo privado sea cada vez más público. Y el público, a su vez, demande saber cada vez más sobre “lo privado” de las personas públicas.
El debate sobre lo público y lo privado, como muchas cosas en Uruguay, está en pañales; a lo sumo se habla, caricaturizando la situación, de la “argentinización de la política” cuando surgen informaciones del ámbito privado de un candidato. Pero, ¿importa o no importa saber, por ejemplo, cual es el estado de salud de un presidenciable? ¿Es o no relevante para el gran público saber si el Ministro de Economía o el candidato a dirigir la economía paga sus impuestos en forma y si mantiene al personal doméstico dentro de las reglas que exige el Banco de Previsión Social?
¿Seguirán siendo estos temas, como otros, reservados al ámbito privado o saldrán a luz para hacer más democrática y transparente la sociedad?
Es cierto que los límites entre la vida privada y la política son algo problemático; en todo caso el punto estriba en qué relevancia pueden tener algunas cosas privadas para el publico y cuáles son los límites.
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La Ciudadana dijo
Hola Antonio, digamos que Uruguay nunca le dio demasiada importancia al comportamiento privado de la persona pública, sin embargo en otros paíes, los de 1er. mundo, no sólo se le da importancia, y tampoco solamente e nivel político sino empresarial también, tanto, que una persona puede ser destituida por tener una amante, o por tener una conducta sexual no acorde con lo que se espera de alguien público. Esto, si recuerdas, llegó hasta la Fórmula 1 cuando aparecieron fotos del Presidente de la Fia, Max Mosley en un encuentro sexual sadomasoquista.
Obviamente, la persona, en tanto que acepta ser y ocupar cargos públicos, sabe que se expone al escrutinio de la gente, de sus pares y de la prensa.
Qué se puede esperar de una persona pública, o al menos que es lo que yo espero?
Que sea intachabale, porque son el ejemplo de la ley, de la autoridad, y de todo lo que hace a la democracia de un país.
Ahora, el hecho de que cada vez tengamos un nivel educacional y cultural más bajo, también hace que la sociedad cada vez acepte niveles más bajos en estas personas públicas que a la postre, nos representan, acá y en el exterior.
No lo creo un tema menor, tampoco creo que sea un tema para tratarlo con trivialidad, creo que a estas alturas y con lo que hemos visto en estos años, debería replantearse seriamente, qué tipo de gente queremos que nos represente, y no sentir vergüenza cada vez que aparecen personas como Mujica, que no sabe ni hablar, que se "come letras", que utiliza lenguaje soez, y todo esto también tiene que ver con lo que planteas.
Y por supuesto, la persona pública debe ser extremadamente cuidadosa con lo que hace en su vida privada, no debería saltearse leyes, o no cumplir con las ordenanzas vigentes, al contrario, debiera ser el ejemplo del cumplimiento.
Y si en algún momento, Mujica dijo que se iban a meter con la vida privada de los candidatos, no será porque ellos lo han hecho primero?
Por ejemplo, que tendría que ver que Larrañaga tenga pareja y un nuevo bebé? Lo único que le exige la Constitución es que al momento de asumir como presidente, esté legalmente casado, nada más.
Cuántos candidatos se han casado pocos meses antes de las elecciones para poder postularse?
Como te digo, es un tema mucho más complejo y muy importante, que debiera tratarse con mucha más profundidad.
Saludos,
1 Marzo 2009 | 11:32 AM