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7 Abril 2009

Alfonsín

Hace pocas horas fue enterrado en su Argentina natal el ex presidente, el radical Raúl Ricardo Alfonsín. Su vida y fundamentalmente su accionar político tiene diversos y variados significados en la historia argentina, sí, pero también en el Uruguay.
En Argentina porque fue el primero que logró derrotar al peronismo en las urnas. Hasta el año 1983, cuando gana la elección presidencial, la fuerza política fundada por Juan Domingo Perón había resultado siempre imbatible, aun cuando estuviera proscripta. 
Fue en esa campaña electoral de 1983 acuñó una de sus frases más memorables cuando dijo que con la democracia se educaba, se curaba y se comía, desafiando así las leyes del gobierno y la economía. 
Y en Uruguay tuvo significado, porque el triunfo del radicalismo, con Alfonsín a la cabeza en las elecciones de 1983 le dio un aire, un oxígeno muy grande a nuestros países: a Uruguay a Chile, Brasil, Paraguay que todavía pugnaban por salir de sus respectivas dictaduras. Recuerdo que en esas fechas había una suerte de carrera democrática para ver que país salía antes de su respectiva dictadura. Primero aparecía Chile, Uruguay estaba como retrasado, pero Argentina ni picaba en esa penca. Tuvo que venir a ocupar la Casa Rosada un alcohólico guerrero como Leopoldo Galtieri, con su suicida incursión en las islas Malvinas, para acelerar los tiempos políticos para la caída de la dictadura. Allí apareció Alfonsín al mando de las boinas blancas del radicalismo para ganar las elecciones y hacerse del gobierno.
La asunción de Alfonsín fue una de las fiestas democráticas más emocionantes que se recuerdan, con miles y miles de personas manifestando su alegría por haberse sacado de arriba de los hombros el pesado lastre de años de oscurantismo dictatorial. Miles de uruguayos, que aun estaban bajo el yugo dictatorial cruzaron el charco para participar de los festejos. Y por cientos fueron los uruguayos, que estaban desparramados por el mundo, que comenzaron a acercarse a su país haciendo pie en Argentina. Wilson Ferreira Aldunate, Rodney Arismendi, Alfredo Zitarrosa, por nombrar tres personalidades, se radicaron temporalmente en Argentina a la espera de la caída de la dictadura uruguaya para regresar al país.
Y en Argentina, en el gobierno de Alfonsín y en el propio presidente, la dirigencia política uruguaya encontró siempre una mano abierta, un fuerte apoyo para el accionar político.
Se fue Alfonsín y Uruguay tiene, sin dudas, una deuda de gratitud con el expresidente.
Pero además, la llegada de Alfonsín al gobierno supuso poner el tema de los Derechos Humanos sobre el tapete cuando, a menos de 15 días de haber asumido, enjuició a las ex juntas militares.
Pero Alfonsín tuvo también su lado oscuro al ceder ante el motín carapintada de Aldo Rico y compañía en Semana de Turismo, asumiendo una posición un tanto ambigua que comenzó a minar su credibilidad. 
Su gestión presidencial termina en una hiperinflación provocada por las fuerzas oscuras que había derrotado en las urnas, que lo obliga a entregar anticipadamente el gobierno. 
Así, asume Carlos Saúl Menem con promesas de salariazo y durante la gestión del peronista es su socio en el Pacto de Olivos, por el cual su partido pagó un costo político muy alto en los sectores medios, lo que incidió en su declinación. 
Pero lejos de bajar los brazos, fue uno de los gestores de la Alianza que derrotó al peronismo en las urnas en 1997 y 1999. Asume como presidente Fernando de la Rúa, quien también tiene que entregar el poder en forma anticipada, instalando en el inconsciente colectivo la idea de que es imposible gobernar Argentina por fuera del peronismo. 
En la crisis que trae aparejada la caída de De la Rúa juega un importante papel político junto con Eduardo Duhalde, tendiendo puentes para evitar el agravamiento de la situación social. 
Hasta los últimos momentos de su vida estuvo activo en la política, tratando de gestar ahora una alternativa frente al kirchnerismo. 
Ayer fue enterrado Alfonsín y en Buenos Aires, en las radios, en las trasmisiones de televisión se buscó de una manera casi obsesiva un calificativo para reseñar a un político: que fue íntegro, honesto, capaz, firme, comprometido, institucional. Fue una búsqueda inédita en un país que tiene metido en la sangre el desprestigio de la política y de los líderes como algo diario, inamovible, irreparable. Político es sinónimo de corrupto. De hecho en Argentina hizo carne en la gente aquella expresión “que se vayan todos”.
Sin embargo, sobre Alfonsín existió un consenso básico y general de que era el único expresidente de la República que podía salir a la calle sin que se lo tildara de deshonesto, que entró en la Casa Rosada con el mismo patrimonio con el que salió, algo que nadie se atrevería a asegurar de ningún otro, incluyendo al matrimonio K.

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Me llamo Antonio Ladra, soy uruguayo, naci el 26 de junio de 1956 en Montevideo. Soy periodista. Este lugar se llama Fino en homenaje al lugar donde se creó: un restaurante de comida italiana atendido por un iraní, Giorgo, en Washington DC en Georgetown, sobre la M st. Page copy protected against web site content infringement by Copyscape
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